La política antiinmigrante Tolerancia cero, del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, genera daños a la salud mental de niñas y niños separados de sus padres, al cruzar la frontera, desde México, de manera ilegal, según reflejan dos informes de inspectores del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés), que administra los centros de detención en el país.
De acuerdo con los reportes, los menores bajo custodia de las autoridades migratorias “exhibieron más miedo, sentimientos de abandono y estrés postraumático” que los que no fueron arrebatados de sus padres.
Los datos de la inspección con soporte clínico arrojaron que algunos niños no entienden el motivo por el que deben estar lejos de su familia y bajo encierro, como si fueran delincuentes; algunos, incluso, piensan que sus padres los abandonaron.
Aunque la estrategia Tolerancia cero fue restringida por tribunales, al grado de obligar a la administración Trump a devolverlos a sus familias, su operación se mantiene, según denuncias de algunas organizaciones defensoras de migrantes, como la Unión Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés). Los niños han sido colocados en albergues, carpas o centros de detención con apariencia de cárceles, operados por la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR) del Departamento de Salud y Servicios Humanos.
Apenas el mes pasado, la Casa Blanca derribó un protocolo legal que protegía a niños de la detención prolongada tras ser arrestados y separados de su familia por la Patrulla Fronteriza. El Acuerdo Flores establecía que los menores no podían estar más de 20 días en los centros de acogida, además obligaba a las autoridades a buscarles un pariente cercano que pudiera hacerse cargo de ellos en el país y trasladar sus casos a un juez de inmigración.
La reforma de Trump autoriza a las agencias implicadas a prolongar las detenciones de manera indefinida, mientras se resuelve su estatus migratorio. La medida, según explicó Kevin McAleenan, secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, responde a una estrategia de disuación ordenada por el magnate, para bajar el número de cruces ilegales en la frontera con México.
Los informes del HHS determinaron que mientras más tiempo permanecen los niños bajo custodia, su salud mental empeora. Por ejemplo, un médico psiquiatra comentó a los inspectores del gobierno que “incluso los niños que eran más extrovertidos o sociables comenzaron a sentirse frustrados y preocupados por su situación”, después de 70 días de encierro y sin saber nada de sus padres.
“Las estadías más largas resultaron en mayores niveles de desafío, desesperanza y frustración entre los niños, junto con más casos de autolesión y pensamientos suicidas”, consignó la supervisión de HHS.
Un director de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados contó la historia de un niño de siete u ocho años que creía que su padre había sido asesinado y pensó que él tendría la misma suerte. El menor finalmente requirió atención psiquiátrica de emergencia.
“Cada niño separado se ha aterrorizado. Nos ven como el enemigo”, dijo otro director del Departamento de Salud y Servicios Humanos, quien concluyó que los menores en estas condiciones no podían distinguir al personal de las instalaciones de los agentes de inmigración que los separaron de sus padres, a todos los veían igual, como villanos.
Personal de los refugios verificados informó que el nivel de trauma y las experiencias únicas de niños separados hicieron que “fuera más difícil establecer relaciones terapéuticas, a través de las cuales las instalaciones pudieran abordar las necesidades de salud mental de los niños”.
Además de presentar sus observaciones, los informes lanzaron seis recomendaciones, que incluyen solicitar una evaluación para saber si debe haber un número máximo de casos a atender por los psiquiatras y minimizar el tiempo en que los niños permanecen bajo custodia.
El HHS y la Administración de Niños y Familias (ACF) de la agencia coincidieron con las recomendaciones.
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