La canasta alimentaria por persona, durante septiembre, tuvo un valor monetario de mil 940.96 pesos en zonas rurales, mientras que en las zonas urbanas alcanzó los dos mil 590.61 pesos, lo que representa un incremento anual de 4.9 por ciento y 5.5 por ciento, respectivamente. También en ambos rubros el aumento se ubicó por arriba de la inflación del mes, 3.5 por ciento; analistas consideraron que, dado que el costo para cubrir las necesidades esenciales sube, los hogares mexicanos necesitan un crecimiento en sus ingresos.
“Aquí la implicación económica es que los hogares necesitan un crecimiento mayor de sus ingresos para conservar esa capacidad de compra, especialmente los hogares que destinan una proporción elevada de su presupuesto a alimentos”, indicó Gerónimo Ugarte Bedwell, economista en jefe de Casa de Bolsa Valores Mexicanos (Valmex), en entrevista con La Razón.
- 9.2 Por ciento aumentó el transporte público en septiembre
Es decir, en un año, la canasta alimentaria subió alrededor de 90.31 pesos en el ámbito rural, mientras que en el urbano el alza fue de 135.87 pesos. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en los dos escenarios la cebolla, los alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar y el jitomate fueron los productos que más contribuyeron al alza anual del valor de la canasta alimentaria.
En las zonas rurales, en el mes de referencia, la cebolla encabezó la incidencia en la variación anual del valor de la canasta alimentaria, con un encarecimiento de 89.8 por ciento y una aportación relativa a la variación anual de 35.7 por ciento; le siguieron los alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar, cuyo precio subió 5.8 por ciento y contribuyó con 26.3 por ciento, así como el jitomate, que registró un alza de 26.7 por ciento y una participación de 16.1 por ciento.

- 18.2 Pesos fue el costo del maíz de grano en el mes
Por su parte, en las zonas urbanas, los mismos productos impulsaron el aumento anual del valor de la canasta alimentaria, aunque con una incidencia distinta en la variación anual: los alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar aportaron 32.1 por ciento; la cebolla, 25.2 por ciento, y el jitomate, 10 por ciento.
Ugarte Bedwell sostuvo que el alza tanto en el jitomate como en la cebolla se debe a cambios en los mecanismos de oferta: ciclos de cosecha, condiciones climáticas, mermas e interrupciones logísticas que provocan efectos en la “disponibilidad comercial”.
El economista destacó que, pese a que los precios de los productos subieron de forma similar en el ámbito rural y en el urbano, la incidencia respecto a la variación anual fue distinta en ambos rubros por los hábitos de consumo, los ponderadores de la canasta por región, la estructura del mercado y los costos de vida de las personas.
“Son diferentes por los hábitos de consumo, por lo que representan como porcentaje del consumo de las personas, la estructura de mercados y los costos de vida, que varían radicalmente según el entorno geográfico en el que estemos”, apuntó.
Agregó que una persona promedio de una zona rural consume una cantidad distinta de cebolla o jitomate en su canasta alimentaria que una persona que vive en la ciudad, “es simplemente por los ponderadores que tiene dentro de la canasta de consumo por región”.
Respecto al incremento en el precio de los alimentos consumidos fuera del hogar, Ugarte Bedwell sostuvo que, además de incorporar varios costos de manera simultánea, como los ingredientes, que también aumentaron, incluyen los relacionados con transporte y operación. Por ello, aunque algunos productos agrícolas disminuyan de precio, el servicio puede seguirse encareciendo por los otros factores.
“El establecimiento puede absorber inicialmente el aumento mediante una reducción de su margen, de sus ganancias, pero si la presión persiste, termina ajustando sus precios, sus porciones, y también hay una relación entre salarios y productividad que es importante aquí. Cuando el costo laboral por cada unidad que produces aumenta, te presiona los precios”, señaló el experto.
Por otra parte, el valor de la canasta alimentaria y no alimentaria subió 4.4 por ciento en el ámbito rural y urbano.

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