Jorge Ernesto Witker
Uno de los mayores errores en los que caemos muchos periodistas es generalizar. El que generaliza es injusto por naturaleza. Periodísticamente puede ser válido generalizar como punto de partida, no de llegada. Por “flojera mental”, costumbre o vicio, atribuimos a todos los que forman un grupo, lo que sabemos de algunos individuos. Se juzga a partir de una acción el comportamiento general de una persona, y un hecho aislado basta para calificar toda una vida o una carrera.
No nos damos cuenta del daño que causan esas generalizaciones hasta que éstas no afectan directamente. Las generalizaciones son, en la mayoría de los casos, prejuicios convencionales que parten de la ignorancia o de un conocimiento parcial.
Si un jugador se tira un clavado, se le calificará de “tramposo”, o que un futbolista dé un leve cabezazo para ser considerado un tipo “violento” en el que no se puede confiar. Los medios, y algunos radicales colegas con posturas poco responsables, ponen etiquetas con tremenda facilidad que sólo el transcurrir del tiempo, en el mejor de los casos, pueden borrar. De una declaración, muchas veces sacada de contexto, hay quien se atreve a elaborar un perfil psicológico o definir toda una personalidad.
No sólo es un error de los medios. Hace unos días el futbolista Jorge Enríquez se atrevió a twitear que los periodistas que no entendieron la declaración de Ignacio Ambriz era porque no han jugado al futbol nunca. El ex futbolista, y ocasionalmente entrenador, Daniel Brailovsky hoy se anima a descalificar a algunos compañeros del programa por opinar como “periodistas”, algo que por cierto no hacía en anteriores espacios.
Y lo hace como si ser “periodista” fuera forzosamente estar equivocado y él como entrenador estuviera condenado a tener la razón, aún después de descender al Necaxa y de pasar con más pena que gloria al mando de Veracruz y América. El Ruso me parece un muy buen analista táctico que justamente debe aprender a no generalizar, pues estará cometiendo el mismo error en el que caen muchos de “los periodistas” a los que pretende ningunear.
De un lado y del otro, sería bueno subir el nivel, debatir ideas, no oficios, y contraponer puntos de vista sin pretender descalificar al otro. Ni la verdad ni la mentira, ni la razón ni el error, tienen derecho de exclusividad o son propiedad gremial de nadie.
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