Susana López Aranda
El caldo de cultivo perfecto. Una escuela para adolescentes problemáticos, lejos de solucionar las broncas, generalmente es garantía de más y mayores problemas.
En la soleada y despreocupada California, en el poblado de Calabasas (no es broma), un puberto con muy baja autoestima y una jovencita ávida de atención, un poco por soledad y otro poco por hastío, inician una extraña amistad. Él la admira absolutamente y ella se lo permite, mientras lo convierte en su primer fan. Comparten el vacío de una existencia sin perspectivas.
Jóvenes ociosos, de buena posición económica, hijos de padres ausentes, indiferentes o ambos, consumen sus días entre los gadgets, el Internet, el reventón y la nada. Una noche, de pura casualidad, Rebecca y Marc, descubren al fin, una actividad emocionante: robar. Pero no se trata de hurtar cualquier cosa, ellos se dan a la tarea de robar justamente a las celebridades que adoran… Penetrar en la casa de las descuidadas estrellas (ninguna tiene alarmas, y todas dejan dinero y joyas más que a la mano), es penetrar un poco en sus vidas, y apoderarse de sus ropas o accesorios, es de alguna manera poseerlos, tocar su fama y disfrutar sus lujos.
Inspirada en hechos ocurridos hacia 2009, la cinta más reciente de Sofia Coppola, se basó realmente en un artículo de Vanity Fair, acertadamente titulado “The Suspects Wore Louboutins”. Más que armar y contar una historia o tratar de indagar en el interior de los personajes, Coppola nuevamente intenta el registro distanciado de los sucesos. Las patéticas andanzas de la palomilla conocida como Bling Ring, son así, vistas de lejos, con un evidente conocimiento del ambiente y cultura retratados (siendo Coppola misma una celebridad conocida y cercana a quienes fueron desplumados en verdad), pero con la frialdad impuesta por la contención de una impenetrable barrera emotiva. Sin embargo, contra lo que ocurría en Las vírgenes suicidas (1999) o Perdidos en Tokio (2003), en este caso, la mera descripción, no alcanza a conformar una visión analítica ni mucho menos, crítica.
Una y otra vez, Coppola alterna escenas de los robos, luego a la banda de reventón, tomándose fotos para facebook y después, caminatas de los jóvenes ataviados con los objetos robados, en lucidora cámara lenta y con el inevitable sound track musical de fondo. El efecto que esta acumulación produce, es que los personajes parecen tan superficiales como las estúpidas hazañas que cometen. Las declaraciones que emiten al ser detenidos, dan una idea de la carencia de ideas de estos ladrones de celebridades; una de las raterillas (E. Watson) se extasía por compartir prisión con su ídolo Lindsay Lohan, mientras afirma que ha sido una experiencia vital que le ha hecho querer ayudar a la gente pobre de África… La banalidad de lo banal.
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