Intensamente

Vale Villa

Pixar ha hecho un trabajo magistral para mostrarle al gran público el funcionamiento de la mente de Riley, una niña de 11 años. Con un estilo trepidante, didáctico y creativo, Intensamente (Inside Out) nos ayuda a entender algunos de los procesos que ocurren en el cerebro, como la batalla entre cinco emociones básicas: alegría, tristeza, miedo, desagrado y enojo.

Queremos que la protagonista sea feliz y nos volvemos aliados de Alegría, hasta que se hace evidente que un “huracán chispeante de energía positiva”, como la ha descrito A.O. Scott, no es lo que se necesita en momentos de pérdida, melancolía y tristeza.

La reflexión es clara: la alegría puede ser manía, huída y actividad frenética carente de sentido. La película hace una crítica al deseo de los padres de ver hijos siempre felices, sobre todo cuando sienten que los perdieron en las puertas de la pubertad. Poco dejamos llorar o padecer a quienes amamos porque hemos aprendido (¿erróneamente?) que la tristeza es el enemigo a vencer.

Intensamente muestra un paisaje de la mente habitado por un amigo y un novio imaginario, por las fobias infantiles, por pesadillas, por recuerdos representados por decenas de miles de esferas de colores, que nos ayudan a comprender la complejidad de la mente humana, llena de pasadizos, trampas, zonas inexploradas, peligros y un tren del pensamiento. La película enfatiza la importancia de los recuerdos, que nos hacen ser quienes somos.

Alguien dijo que la memoria es la fe de los ateos. A lo largo de la historia, lo experimentamos con gran drama: nada más angustiante que el peligro de que Riley pierda los recuerdos centrales que le han dado identidad.

También podemos preguntarnos e identificar cuáles son las emociones que dominan nuestra existencia y entonces la película se vuelve un ejercicio de reflexión personal.

Los guionistas abordan el impacto de uno de los factores de estrés psicosocial más serios en la vida de una persona: el cambio de residencia y el desmoronamiento de la personalidad, como una de las posibles consecuencias frente a una realidad nueva llena de incertidumbre, con muchas pérdidas y pocas ganancias inmediatas.

Hay varias enseñanzas contenidas en esta historia:

Con frecuencia tenemos poco diálogo interior y no nos queda claro cómo nos sentimos. Poderlo identificar y procesar es una brújula invaluable para la vida.

La mezcla de enojo, miedo y desagrado, llevan a la parálisis o a la acción impulsiva. La película es una preciosa defensa de la tristeza, como detonante de autocompasión y de empatía en los otros. La alegría y la tristeza no deberían ser enemigas sino aliadas en equilibrio, porque la vida emocional no puede ser una fiesta permanente pero tampoco puros duelos enquistados.

Llorar lo perdido es indispensable para sembrar la ilusión de un camino nuevo.

*Vale Villa es psicoterapeuta sistémica y narrativa desde hace 15 años. Este es un espacio para la reflexión de la vida emocional y sus desafíos.

valevillag@gmail.com

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