Muchos libros y artículos especializados abordan las consecuencias emocionales (graves pero no incurables) de haber crecido con un padre o una madre narcisista, incapaz de registrar ningún sentimiento ni necesidad que no sean los propios.
Una de las más comunes es desarrollar una personalidad codependiente, trastorno dependiente de la personalidad o convertirse en un rescatador sin remedio. El nombre depende de la teoría que se use para explicar.
Construir un yo fuerte es el reto principal de los adultos que crecieron con padres narcisistas. Porque no saben muy bien quiénes son, ni qué desean, ni saben tomar decisiones autónomas. Es que siempre estuvieron pendientes de los deseos y de las decisiones de alguien más. El desarrollo de una estima personal sana es otra de las áreas golpeadas por una madre incapaz de ver y valorar al hijo. Como todo se trata del narciso o la narcisa, todo debe hacerse como ellos deciden o los regaños, el desencanto y la decepción no se harán esperar.
Se ha abusado groseramente del término narcisista. Alguien vanidoso u ocasionalmente egoísta no merece semejante adjetivo. Narcisista es aquel incapaz de empatía, explotador, envidioso, arrogante, devaluador y hambriento de atención. Narcisista es aquél que se enfurece, critica y exige de sus hijos la conducta perfecta. Ese que cree que sus hijos existen sólo para hacerlo lucir bien frente a los demás, para ayudarle y para consolarlo cuando el mundo no reconoce su grandeza. La paternidad y la maternidad se invierten y son los hijos quienes cuidan a sus padres, los protegen, los halagan cuando están tristes y son incondicionales no por amor sino por sobrevivencia. Mujeres y hombres adultos se aterran sólo de pensar en contrariar a sus padres, en no estar de acuerdo con ellos, en criticarlos o en confrontarlos. Es preferible seguir representando el papel del hijo perfecto para no desatar la furia del narciso, que lastima, hiere, insulta, ignora, expulsa. Además sin culpa, sin medir las consecuencias de sus palabras, sin pedir perdón, sin conciencia de daño.
Los hijos del narcisismo viven atados a las emociones de los demás. Son incapaces de sentirse felices si hay alguien cerca que esté en problemas. Son hipersensibles a los estados de ánimo de los demás al grado de contagiarse de lo que otros sienten, porque no pudieron desarrollar límites psicológicos fuertes con sus padres. Son víctimas fáciles de la culpa, la tristeza, la rabia y la vergüenza.
Los padres y las madres narcisistas han sido descritos como un huracán que destruye todo a su paso, sin siquiera inmutarse por la destrucción ocasionada. Los hijos de narcisistas no se sintieron amados ni comprendidos y aún en la vida adulta, siguen anhelando la aprobación. Los retos para estos adultos son: fortalecer la autonomía hasta desarrollar un narcisismo adulto sano, aprender a manejar la crueldad del padre, poner límites y distancia si es necesario, dejar de hacerse responsables de cuidar de todos aunque no lo necesiten y disminuir su apremiante necesidad de aprobación.