A partir del éxito que ha tenido la película Roma, de Alfonso Cuarón, han sido virales las demostraciones de envidia hacia la joven Yalitza Aparicio, nominada al Oscar a Mejor Actriz. Sus detractores, sobre todo mexicanos y dedicados a la televisión y al cine, se han concentrado en descalificar su trabajo, su apariencia, su origen y su actuación en un
tono por demás ofensivo.
La mejor descripción de la envidia la realizó a los 70 años en 1952, Melanie Klein, fundadora de la escuela inglesa de psicoanálisis. Publicó su libro llamado Envidia y gratitud en el cual, plantea una hipótesis que sacudió el ámbito en el que ella se desarrollaba generando grandes controversias, pero que sigue vigente en la actualidad. Describe la envidia como una de las emociones fundamentales y más primitivas.
Siguiendo su línea teórica afirma que es una sensación que surge en la primera infancia, inicialmente al pecho materno, cuando el bebé se da cuenta que está separado de él. Es en ese momento que el amor, cuidado y alimento, que vienen de la madre, estimulan en el bebé dos reacciones opuestas: una de gratificación, que conduce al amor; la otra de hostilidad y envidia, basada en la comprensión de que la fuente de alimento, amor y bienestar se encuentran fuera de uno mismo.
Estos sentimientos no están relacionados con la experiencia de alimentación física exclusivamente. Para el bebé gratificado, el pecho se convierte en el origen de cualidades mentales: lo idealiza y lo vive como manantial de amor, comprensión, sabiduría y creatividad, ya que lo considera capaz de convertir su estado de infortunio en otro de contento y felicidad. Pero de modo paradójico puede surgir la envidia al sentir frustración y sentirse privado del alimento. La autora establece claras diferencias entre celos, envidia y voracidad.
La envidia es más primitiva que los celos, es puramente destructiva y va dirigida al objeto de admiración y amor. A diferencia de los celos que se basan en el odio a un rival que puede quitar al objeto de amor.
La envidia es un sentimiento que siempre es innoble, cuya finalidad es deteriorar los atributos del envidiado, tiene la característica de ser destructiva, es un mecanismo mental que deja pobreza en el interior de quien la siente, no causa alivio y se aumenta por la bondad de quien la produce. El envidioso está seguro que siempre padecerá miseria interna porque tiene esa sensación de vacío e insatisfacción. Cuando en la infancia la envidia es superada, es porque en la crianza predominan los sentimientos de amor y entonces aparece el sentimiento de gratitud.
Obtenga o no el Oscar, Yalitza ya triunfó. Los envidiosos tendrán un falso bienestar y quienes no lo sean disfrutarán de su éxito y su fama.
En palabras de Melanie Klein: “la envidia es el sentimiento de enojo que se tiene cuando otra persona posee y disfruta algo deseable, acompañado del impulso de echárselo a perder o quitárselo”.