Tercer Informe al pueblo, Primer Informe de Gobierno o enésima conferencia presidencial. Las mañaneras y el calendario 4T acabaron con el informe. El Presidente celebró el domingo la derrota moral de la oposición. Quizá la oposición se derrotó a sí misma por incapacidad, soledad y corrupción.
El Presidente López Obrador se vanaglorió; sus adversarios están derrotados. Tiene razón. Pero la debacle ajena no es mérito ni suyo ni de la 4T; su perseverancia política y probidad consistente lo premiaron, al ser el catalizador posible para ese enojo, imán del mal humor social; vendedor de ilusiones legítimas, intangibles; la felicidad, postulado simple que no demanda comprobación, cuyo termómetro es su aprobación popular.
El hartazgo del pueblo se construyó con recurrentes crisis de crueles remedios, desde Echeverría hasta Zedillo; también es culpa de Vicente Fox, por su intrascendencia política en una alternancia improvisada, asustada y sin épica; con el enojo social por el saldo de una guerra en solitario del Gobierno federal contra un crimen organizado que cooptó a gobernadores y comunidades con particulares programas sociales, es consecuencia directa de la corrupción como costumbre y la frivolidad como estilo de gobierno.
Lo que el Presidente informó el domingo estuvo en lo que calló, en su silencio respecto a la crisis de violencia del país; su ligero repaso retórico por el asunto de los asesinatos y balazos sinfín, con que los miserables responden a sus abrazos, da cuenta de cuál es el tema que se le atora a la épica 4T; cuál es el pendiente heredado que luego de tres informes populares no comparte un dato positivo, una estadística promisoria o una métrica de vida.
En el tema, el Presidente López Obrador cuenta con más herramientas políticas que ninguno de sus antecesores; con sus mayorías reales y virtuales obtuvo lo que pidió, al Ejército, Marina y Policía Federal a su servicio, con andamiaje constitucional y fachada de Guardia Nacional; tiene a gobernadores y gobernantes rendidos ante su popular poder; y con todo, la estrategia contra la violencia, inseguridad e impunidad de la 4T no triunfa, no suena, ni se menciona en cuanto informe rinde a diario.
Lo demás fue lo mismo. Propaganda política que se alimenta de la derrota ajena y aspira a ser mérito propio. Sin la Casa Blanca de Peña, la de Malinalco de Videgaray, sin Javidú, Granier, Duarte, Padrés y tantos pillos, sin la Estafa Maestra, sin Ayotzinapa, sin tanto enojo, sin tanto exceso, ¿la 4T estaría repicando?
Ya se reinformó que el triunfo de los adversarios es moralmente imposible; ya se decretó el fin de todos nuestros males; en nueve meses ha ocurrido lo que pasaría en seis años, bien; ahora merecemos vivir el triunfo real, algo tangible, integral, no retórico; que la 4T transforme hechos trascendentes, perdurables, de fondo, que salgan del discurso y lleven la paz a la vida cotidiana en Michoacán, Morelos, Veracruz, Tamaulipas, Guerrero, Guanajuato y a la violenta CDMX. Algo que nos ponga felices, felices, felices.

