Evo allá y el FBI acá

Foto: larazondemexico

Conflicto de contrastes. Evo Morales reivindicó la lucha política a favor de los más desprotegidos; indígena que hizo del poder instrumento a favor de los suyos. Bolivia triplicó la generación de riqueza social en los 13 años que estuvo al frente del gobierno constitucional. Evo transformó estructuras y reivindicó causas.

A Evo lo reeligieron y luego quiso reelegirse; la OEA y otros observadores dieron cuenta de graves irregularidades en las elecciones del 20 de octubre. El país se descompuso; Morales abrió la puerta para que sus detractores (incluida la policía nacional) se amotinaran en su contra.

A Evo Morales le ganaron las ganas; una consulta popular hace tres años le dijo que los bolivianos, reconocidos con su obra, no querían que se presentara a una nueva elección. Los militares, consentidos del presidente, lo han dejado solo. Las revueltas no fueron consecuencia de una mala gestión, sino de una mala elección, opaca, sospechosa, chueca. Por eso Evo cayó.

México tiende su mano al depuesto mandatario; le ofrece asilo, al tiempo que en Washington, sede de la OEA, nuestro país denuncia golpe de Estado y rechaza cualquier intentona castrense por empoderarse. El Presidente López Obrador no se queda callado y convoca a romper el silencio regional.

Transformaciones que se reconocen en el espejo de la historia; una naciendo, la otra muriendo. Al menos padeciendo. Mientras tanto, la 4T observa por la ventana, sin destellos ajenos, cómo el FBI interviene (coadyuva) para dar con el paradero de los responsables del asesinato de nueve estadounidenses en Bavispe, Sonora, hace una semana.

La espuma guerrera de Donald Trump pasó de ofrecer su ejército para borrar de la faz de la tierra a los cárteles del narco mexicano, a una sutil pero más efectiva intervención al lado de las autoridades nacionales para mitigar el déficit de capacidades de inteligencia; pero, sobre todo, operativas.

Frente a una secuencia de hechos que amenazan con alterar la naciente narrativa amorosa y transformadora de la 4T, el menor daño posible parece ser tolerar la ayuda del vecino para impedir que la masacre de los LeBarón engrose los anales de la impunidad nacional.

Culiacán y Bavispe están demasiado cerca en la línea de tiempo; una exhibición como la estelarizada por la liberación de Ovidio Guzmán López y el sometimiento de fuerzas federales en aras de paz remota en plena guerra, más la atroz ejecución multifamiliar de los LeBarón, acotan en extremo el margen de maniobra del Gobierno de López Obrador para eludir crítica y asistencia.

La crisis boliviana jala reflectores, mueve la narrativa hacia la épica bolivariana de los Chávez, Maduro, Kirchner. La caída de Evo Morales alimenta la vena libertaria y transformadora. Las pesquisas para dar con los asesinos de estadounidenses en México, con el FBI y sus plantas en nuestro suelo, es el recordatorio agudo sobre la fragilidad de los discursos ante la contundencia de los hechos. Datos, otros, que revelan momentos aciagos.

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