BRÚJULA ECONÓMICA

Tribulaciones sobre el crecimiento

Arturo Vieyra<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>&nbsp;<br>
Arturo Vieyra*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.  Foto: larazondemexico

Continúan las preocupaciones en torno al crecimiento económico de México. Aunque los datos recientes del IGAE envían una señal moderada de recuperación, persisten claros signos de debilidad que anticipan un bajo crecimiento este año, con efectos que podrían extenderse hacia 2026.

Durante agosto se observó una leve reactivación productiva. El Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), considerado un proxy mensual del PIB, registró un aumento de 0.6% respecto al mes previo, tras una fuerte caída. El avance superó ampliamente la estimación oportuna del Inegi, que apenas anticipaba un 0.1%. Sin embargo, en la comparación anual la economía permaneció prácticamente estancada, con un crecimiento nulo.

A nivel sectorial, el repunte mensual se explicó principalmente por la resiliencia de los servicios y una leve reactivación del sector agropecuario. En contraste, la actividad industrial continúa mostrando un deterioro persistente y se mantiene como el principal foco

de estancamiento.

En efecto, la producción industrial volvió a reducirse en agosto, con una caída mensual de -0.3% y una disminución anual de -2.7%. Así, el balance acumulado entre enero y agosto muestra una contracción de -1.4% anual. Al interior del sector, los cuatro grandes componentes —manufacturas, construcción, minería y electricidad, gas y agua— se mantienen en una posición recesiva, con caídas anuales generalizadas.

Particularmente preocupante es el desempeño de la industria de la construcción, afectada por la contracción de la inversión pública y el efecto arrastre sobre la inversión privada. Se profundiza el deterioro en la construcción de obras de ingeniería civil, que incluye la infraestructura pública. Otro sector clave en retroceso es el de equipo de transporte, impactado por la debilidad de la industria automotriz, reflejo de la incertidumbre comercial con Estados Unidos.

Con este panorama, los datos recientes anticipan un tercer trimestre negativo. De acuerdo con estimaciones oportunas de septiembre, podría registrarse una contracción de -0.4% trimestral en la actividad económica. De confirmarse este escenario, el PIB cerraría 2025 con un crecimiento de apenas 0.6%.

Los riesgos a la baja siguen siendo significativos. Destacan la debilidad estructural de la inversión, la incertidumbre en la relación comercial con Estados Unidos y la contención del gasto público. Si estas presiones persisten, el próximo año podría observarse un repunte modesto, pero insuficiente: el crecimiento se ubicaría entre 1.5% y 2.0%, todavía en terreno frágil.

Frente a ello, una reducción gradual de la tasa de interés, los esfuerzos gubernamentales por restablecer la confianza empresarial, un mayor dinamismo de la economía estadounidense y una negociación más favorable del T-MEC podrían mejorar el escenario productivo. Sin embargo, sin un impulso sostenido a la inversión y la productividad, México seguirá atrapado en un ciclo de recuperación débil y crecimiento limitado.

Más allá de las cifras coyunturales, lo que está en juego es el potencial de desarrollo del país. México enfrenta el riesgo de normalizar el bajo crecimiento, resignándose a una economía que apenas se mueve, sin fuerza para generar empleo de calidad ni para sostener la movilidad social.

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