TEATRO DE SOMBRAS

Pirandello: personajes y personas

Guillermo Hurtado. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Guillermo Hurtado. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Hace cien años se publicó por vez primera la obra de teatro de Luigi Pirandello Seis personajes en busca de un autor. Aunque ya se había representado varias veces desde 1921, Pirandello hizo varios cambios al texto antes de enviarlo a la imprenta.

Seis personajes en busca de un autor es, sin duda, una de las mayores obras dramáticas de toda la historia. La trama de la pieza sigue sorprendiendo a un siglo de distancia. El público ingresa a un teatro vacío, sin escenografía, en el que van entrando varios actores, tramoyistas y el director de una comedia que se está ensayando. Comienzan a trabajar cuando, de repente, aparecen seis individuos sobre el escenario que se identifican como el padre, la madre, el hijo, la hijastra, el muchacho y la niña. Ante la sorpresa de los demás, el padre le dice al director que ellos son seis personajes en busca de un autor. Aunque tienen una realidad mínima como personajes, quieren que un autor escriba su historia para adquirir de esa manera una mayor realidad. El director y los actores no pueden creer lo que escuchan y piden a los extraños que se retiren, pero poco a poco van interesándose en el drama que les van contando. Un momento crucial de esa tragedia consiste en que el padre había estado a punto de tener relaciones con la hijastra en una casa de citas. El director se convence y pide a los actores que personifiquen a los personajes que los visitan. El experimento resulta un fracaso. La tragedia se vuelve más honda cuando se descubre que el muchacho y la niña mueren. Al final, los personajes desaparecen detrás de los telones, pero quedan como espectros dentro del teatro.

La experiencia del espectador de Seis personajes en busca de un autor es como la de ir cruzando diferentes niveles de realidad. No en balde se han escrito varias interpretaciones filosóficas de la pieza, comenzando por la que el propio autor hizo en su prólogo al libro de 1925. Pirandello señaló que un personaje teatral puede tener distintos grados de realidad. Un primer grado sería cuando lo imagina un autor, un segundo sería cuando ese personaje se forja de manera definitiva en la mente del autor, un tercero sería cuando el autor lo plasma dentro de una narración y un cuarto grado sería cuando un actor lo interpreta en una representación teatral.

Más allá del problema filosófico sobre la realidad de los objetos de ficción, me parece que en la obra de Pirandello podemos encontrar elementos para pensar acerca de la ontología de las personas. Lo que propongo es que la distinción que traza Pirandello entre el autor, el personaje y el actor puede emplearse para entender nuestra compleja realidad como personas.

De acuerdo con la teoría narrativa de la persona, propugnada por filósofos como Alasdair MacIntyre, Paul Ricoeur y Charles Taylor, nuestra identidad personal sólo se entiende en el contexto de una narración que ofrecemos a los demás y que nos contamos a nosotros mismos. Sin embargo, las personas somos más que meros personajes, somos seres humanos de carne y hueso que conviven con otros seres humanos. ¿Cómo hacer compatible ese dato inobjetable con la hipótesis de que nuestra condición existencial de ser una persona es semejante a la condición ontológica de un personaje?

Lo que se podría agregar a la teoría narrativa es que cada uno es el autor del personaje de sí mismo y, a la vez, su actor principal. De una teoría narrativa pasaríamos así a una teoría representativa. La analogía, entonces, no la haríamos entre una persona y el personaje de una narración, sino entre una persona y un personaje que requiere ser actuado frente a otras personas. De esa manera, lo que se propondría para entender filosóficamente la realidad de las personas es que cada persona es algo semejante al autor, al personaje y al actor de sí mismo. La idea no es del todo nueva. Una versión de ella fue postulada por el psicólogo social Erving Hoffman en el siglo anterior. Sin embargo, me parece que el abordaje original y agudo que hace Pirandello del asunto le puede dar un giro valioso a esa tesis filosófica.

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