MARCAJE PERSONAL

Francisco Barrio, protagonista del cambio democrático

Julián Andrade<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Julián Andrade*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Todavía recuerdo las plazas y la fiesta cívica cuando Francisco Barrio Terrazas alcanzó la gubernatura de Chihuahua. Era julio de 1992 y ese triunfo condensaba, de algún modo, un esfuerzo constante del PAN, pero acompañado por diversas expresiones ciudadanas.

Al paso del tiempo podemos decir que estábamos ya de lleno en la construcción de un sistema democrático, que conduciría a la alternancia política, no sólo en lo local, sino en lo nacional ocho años después.

Una historia nada sencilla, que implicó el compromiso de varias generaciones y una reforma de gran calado, para abrirse al pluralismo frente a poderosas resistencias en el régimen de aquel entonces.

En 1986, la contienda en el estado fue de las más sucias de las que se tenga memoria. Desde la Secretaría de Gobernación se operó para cerrarle el paso a Barrio Terrazas con el argumento, que esgrimió Manuel Bartlett, de que “no entregarían Chihuahua a la Iglesia, a los empresarios y a Estados Unidos”. Las líneas centrales que algunos justificaron como “fraude patriótico”.

Era una patraña, por supuesto, porque Barrio Terrazas estaba muy lejos de representar una posición antinacional, cuando, al contrario, tenía una idea muy clara de la necesidad de la soberanía para poder aprovechar la cercanía con Estados Unidos.

La Iglesia, en efecto, se metió en el debate, porque era inocultable la suciedad con la que se había actuado, y porque sus propios feligreses eran los indignados. El arzobispo Adalberto Almeida tuvo una actividad más que destacada.

Las protestas ciudadanas crecieron y Luis H. Álvarez, Víctor Manuel Oropeza y Francisco Villarreal realizaron una huelga de hambre que se prolongó por 41 días, exigiendo que se anularan las elecciones.

El propósito central no se cumplió, pero la dimensión simbólica abrió una corriente, ya incontenible, que propició el cambio y con el tiempo la transición a la democracia.

En 1992 las cosas fueron muy distintas. El PAN ganó los comicios y el PRI respetó los resultados.

Inclusive, a la toma de protesta, que se realizó el 3 de octubre, acudió el presidente de la República, Carlos Salinas de Gortari.

Ahí, Barrio Terrazas afirmó: “Aquí en Chihuahua, la sed y el hambre de justicia tendrán que quedar plenamente satisfechas, el anhelo democrático deberá consolidarse como una vibrante realidad”.

Arremetió contra el influyentismo y la prepotencia al señalar que “la ley es la ley, y tendrá que respetarse”, porque “ni dejaremos que individuos o grupos la violen a su antojo, ni permitiremos que los encargados de aplicarla incurran en excesos que ofenden y vulneran a los ciudadanos de bien”.

Tenía sentido, ya que en Chihuahua había surgido una de las organizaciones de defensa de los derechos humanos más eficaz y aguerrida, COSYDDHAC.

La muerte siempre es inoportuna, pero se suman ausencias que serían de gran ayuda en estos tiempos donde los avances que creíamos duraderos están por extinguirse.

Queda el ejemplo de políticos como Barrio Terrazas, como consuelo, pero también como hoja de ruta.

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