Es una costumbre que, cuando empieza el año, nos hagamos propósitos. También es una práctica hacer una prospectiva. Si examinamos la situación global, me parece que no podemos ser optimistas con lo que se avecina.
El año comienza con el estruendo de los tambores de guerra. Lo he dicho en artículos anteriores, pero ahora lo repito: nos encaminamos hacia una guerra mundial. No será igual que la primera o la segunda, pero enfrentará a las grandes potencias del planeta de una manera o de otra. Aunque mi advertencia suene a mal presagio, podría decirse, incluso, que esa guerra ya comenzó. Se está peleando en Ucrania, en Gaza, se empieza a desplegar en Venezuela y, quizá muy pronto, también en Taiwán y en Groenlandia. Los países más poderosos están en una descarada carrera armamentística y en algunos de ellos se contempla reintroducir el servicio militar obligatorio.
Una característica de la próxima guerra mundial, la tercera —aunque también podríamos denominarla la cuarta, ya que la llamada Guerra Fría se peleó en todo el planeta— es que estará definida por los avances en las nuevas tecnologías. Si en la Primera Guerra Mundial las amenazas fueron las metralletas, los aviones y los tanques y en la segunda fueron los cohetes, los bombarderos y la bomba atómica, en la siguiente guerra serán los drones, los satélites, los láseres, los virus de diseño, la piratería informática y, sobre todo, la Inteligencia Artificial, que se encargará de ordenar y manejar todos los elementos bélicos. En el cuarto de mando de las grandes potencias que se repartirán el mundo, la Inteligencia Artificial será la clave para el triunfo o la derrota.

La poca seriedad del nuevo subsecretario

¿Qué es lo que se peleará en la próxima guerra mundial? En parte, lo de siempre: recursos, mercados y territorio. Lo mismo que en las dos anteriores. La cuestión ideológica, en este caso, no es la más relevante. La guerra mundial anterior se describió como una contienda entre tres sistemas ideológicos: el comunismo totalitario, el capitalismo fascista y el capitalismo liberal. En la Guerra Fría, la lucha se pintó como una batalla entre el comunismo totalitario y el capitalismo liberal. En la actualidad, ya no existen ni el comunismo totalitario ni el capitalismo fascista ni el capitalismo liberal o, por lo menos, no como en el siglo anterior. En otros artículos he afirmado que lo que ahora existe son distintas versiones de lo mismo: el nacional-capitalismo. Este régimen global tiene semejanzas y diferencias con los del siglo XX: es una modalidad avanzadísima del capitalismo, pero ya no adopta la ideología liberal o, por lo menos, no lo hace de manera plena; sin embargo, tampoco es un estado totalitario como el fascista o, por lo menos, sus recursos de control son más sofisticados.
En caso de que la siguiente guerra mundial se salga de control podemos imaginar escenarios terribles. Desde la invención de la bomba atómica cualquier conflagración mundial puede tener como resultado la extinción de la especie humana. Aunque éste es el peor escenario, hay otros no menos escalofriantes. La humanidad no sólo está en peligro de muerte, sino también de esclavitud, enajenación y decadencia. Dicho de otra manera: lo que siga existiendo como lo humano nos resultará irreconocible.
México y América Latina no participarán como protagonistas de la próxima guerra, pero su territorio será escenario bélico, aunque, quizá no el principal, por fortuna. ¿Cómo prepararnos para lo que se aproxima? Depende de cada país. La situación de México por ser el vecino pobre de Estados Unidos es muy particular. Seguiremos siendo el traspatio de la gran potencia, con las escasas ventajas y no menos desventajas que eso significa. Como en otros momentos de nuestra historia, seguramente tendremos que tragar muchas humillaciones, abusos e injusticias. A cambio de lo anterior, quizá nos perdonen la vida, quizá nos arrojen algunas sobras y, si nos va bien, quizá nos dejen en paz.
Usted dirá que soy cínico, pero estoy convencido de que en esta hecatombe no hay ni buenos ni malos, todos son malos por igual. La guerra se peleará sin ideales o, por lo menos, sin ideales verdaderos, porque lo que imperará será la ambición, la codicia, el odio, la xenofobia, el racismo y la ceguera.

