MARCAJE PERSONAL

La izquierda y su regreso al futuro

Julián Andrade<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Julián Andrade*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Bastaría, si imperara el sentido común, observar el daño que le causó a Venezuela la destrucción institucional para posponer la reforma electoral en México. Más allá de matices y jaloneos, entre las corrientes que pertenecen a la 4T, es evidente que el ánimo de la iniciativa no es para mejorar aspectos de la contienda, cerrar el paso al crimen organizado, aumentar la fiscalización y refinar la legalidad, sino para sumergir a las oposiciones en un agujero del que difícilmente saldrán.

Por lo pronto, el Gobierno señala que “la gente quiere menos diputados y que se gaste menos.”

Nada hay de extraño en ello, sobre todo porque “la gente” no tiene claridad de lo que está en juego. Sería interesante preguntar: ¿está usted de acuerdo en que los ahora opositores mantengan los mismos instrumentos y presupuestos que le permitieron a Morena convertirse en un partido mayoritario?

¿Creen ustedes que se debe conservar el marco legal impulsado por Andrés Manuel López Obrador desde 2006?

Quizá también consultar: ¿qué opinaría usted de retomar la propuesta de la izquierda sobre la representación legislativa presentada ante Jesús Reyes Heroles?

Con probabilidad, las respuestas serían afirmativas, porque provino de la izquierda una parte sustancial del marco legal actual, y quienes proyectan desarmar el sistema vigente, como Pablo Gómez, propusieron la proporcionalidad total para que se incluyera en la reforma política de José López Portillo.

Sí, el PCM no obtuvo todo lo que pretendía —ya que se optó por un sistema mixto con dominante mayoritario—, aunque sí el registro, y los apoyos respectivos, para poder contender con dignidad en los comicios.

“Ya es tiempo”, decía el eslogan de los comunistas. “Regreso al futuro”, podría señalarse ahora, en esas piruetas tan extrañas en las biografías de los políticos.

También se valoraría la protección de las minorías, que es algo por lo que pelea la izquierda mientras no accede al poder.

Pero no se hará una encuesta que sacaría de los armarios a más de un fantasma del pasado, que obligaría a una explicación sobre la coherencia, el compromiso democrático y que colocaría a la izquierda ante un espejo.

Aunque hay que ser realistas, no está de más insistir en las virtudes del diálogo y de la negociación, en la potencia que tienen los cambios que son acompañados de amplias franjas de la sociedad y no impuestos por la mayoría.

Son tiempos difíciles, esto no lo puede negar ni el más optimista. Al mismo tiempo, es una oportunidad para reflexionar sobre lo que hay que preservar.

Por desgracia, las pautas que han acompañado el actuar del morenismo indican que iremos, al costo que sea, a una reforma que terminará por diluir los precarios equilibrios que aún subsisten.

Un error de cálculo grave, porque la oposición existe, más allá de que se encuentre, por momento, marchita y encerrada en una especie de bucle en el tiempo.

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