Sin desatender los asuntos internos, los cuales en muchos casos son de primera importancia, nuestra agenda debe colocar la relación con EU como un asunto prioritario.
No queda claro que así sea del todo. Muchas de las respuestas del oficialismo a los planteamientos de Trump entran en terrenos claramente ideologizados. Se pierde de vista todo lo que hay de fondo en función de la dinámica no sólo de la bilateralidad, sino de las relaciones internacionales.
Marcadamente la relación con Cuba se ha congelado en el tiempo. Desde la izquierda mexicana no se ha gestado un proceso de crítica que permita abrir espacios en la isla a grupos que tienen posiciones distintas a las del Gobierno y que pertenecen a él.

¿Caminos que conducen a Sonora?
Una de las razones por las cuales es importante tener a EU en el centro de la agenda, es que a partir de la presidencia de Donald Trump se está gestando un reordenamiento regional y mundial en todos los órdenes.
Lo que viene pasando en Venezuela, es parte de este proceso. No se sabe en qué va a terminar. No vemos cómo Trump pueda aceptar que siga gobernando el chavismo y tampoco vemos cómo el chavismo, y lo que queda del madurismo, se vaya a plegar a las políticas de Trump, quien se ha asumido como presidente venezolano.
La llamada que sostuvo ayer con la presidenta encargada del país, Delcy Rodríguez, seguramente sirvió para atemperar ánimos, y también habrá servido para tirar línea. Los adjetivos que utilizó Trump sobre la mandataria tiende hacerlos cuando llega a “ciertos” entendimientos o son sus interpretaciones sobre sus conversaciones, no olvidemos que como dice una cosa dice otra cosa.
A Venezuela hay que sumar lo que Trump ha planteado sobre otros países de la región, particularmente con Cuba, lo cual forma parte del nuevo orden que se va incubando en el continente. Va a ser difícil que México pueda liberar las presiones que se van a venir con relación a Cuba. A esto hay que sumar las situaciones internas controvertidas, por más que algunas de ellas terminen siendo aprobadas en el Congreso con la abrumadora mayoría.
La Presidenta se refiere regularmente a la oposición en términos en que pareciera que representa una fuerza política de equilibrio real. Cuando habla del PRIAN pareciera que estos partidos tienen un peso en verdad importante siendo que llevan un rato contra la pared; el PRI está más cerca de su desaparición que ser una alternativa electoral.
Da la impresión de que se busca crear entre los fervorosos militantes del oficialismo la idea de que existe una oposición a la que sistemáticamente hay que atacar, porque es un peligro para el Gobierno y su proyecto.
EU está en el centro. Para enfrentar la nueva dinámica se requiere de que el país entre en procesos de cohesión y no seguir bajo los lineamientos de confrontaciones y de señalamientos que entran más en el terreno de batallas políticas que de hechos concretos.
No se puede entender la relación con EU solamente con una mirada al pasado. La dinámica internacional y bilateral ha sufrido importantes cambios y hoy más que pensar en una confrontación entre las dos naciones, lo que está de por medio son las zonas de influencia y tratar de colocar a México de manera clara como parte de los nuevos reordenamientos.
Quizá el Gobierno sigue viendo las cosas como cuando el imperio se nos vino encima en 1847. Las cosas son diferentes, pero no por ello exigen acuciosidad y defensa sensible de nuestros valores.
Lo que es importante es entender que EU está en el centro como hace mucho tiempo no estaba, lo cual debe llevar a la construcción de nuevos escenarios. Ni México ni EU somos ese pasado, diría aquél: no es lo mismo, pero es igual.
RESQUICIOS.
La detención y posterior liberación del rector de la Universidad de Campeche confirman lo que ha venido sucediendo en el estado. No casualmente dijo la Presidenta que “no se puede hacer justicia como vendetta política”.

