La congruencia en materia de imagen y comunicación no solo es que lo que dices y promueves vaya acorde de tus acciones, sino que tu cuerpo siga tu ritmo, tu energía y traspase esta línea de coherencia hasta el qué elijas para vestir.
Pocos personajes en la política cumplen con el círculo de la cohesión de la imagen y comunicación. Así he nombrado con mis clientes y mis consultorías a la serie de acciones que no tienen un inicio y un final, sino que se mueven en circular porque lo que decimos, el cómo nos vendemos, el qué promovemos, a quién nos dirigimos o a quién queremos dirigirnos también va ligado con la vestimenta.
Si el círculo se rompe, se rompe la coherencia. No podemos atraer la sensatez y cumplir los objetivos que queremos.

Arranca con atención ciudadana
Somos lo que somos y para mostrarle a los demás, todo tiene que ir en su lugar y en su momento.

María Corina Machado ha sido una mujer que desde los inicios ha sabido darle peso a la discreción por fuera, para concretarnos en su voz, en su ideología, en la lucha que promueve para liberar a su país y a una sociedad entera de una dictadura y su dictador.
No ha tenido que vestir ropa de marca, o atuendos “chic” que la coloquen en una mujer política “por encima” de la libertad como un derecho para todos los venezolanos.
Ha sobrevivido escondida, apareciendo en tomas muy cerradas, sin una mínima señal de luz, espacio y tiempo. Pared blanca, una luz ligera led para ella y nada más. En sus ojos ni un solo reflejo, en su rostro la serenidad de quien entiende que así será y un día terminará el cautiverio y la persecución.
Machado llegó a Oslo para recibir el galardón del Premio Nobel de la Paz, en jeans, chamarra negra, blusa blanca, despeinada, sin tanto maquillaje. Cualquier hubiera pedido ajuste de tiempo para bañarse, cambiarse y salir en vestido.
Es como es, en una situación que así era.
La visita que realizó al Papa León XIV en Roma como su siguiente aparición, la sencillez del vestido negro y su Rosario al cuello. Color negro como excepción a los colores claros que siempre usa. La visita así lo marcaba y así lo cumplió.
En su libertad, sin el dictador amenazándola y persiguiéndola, viajó a Estados Unidos para reunirse con el presidente Donald Trump.

Apareció con la misma discrecionalidad, sin publicar su agenda a los medios, sin protagonizar un buen storytelling para las redes sociales (porque bien podría hacerlo)
Su llegada a La Casa Blanca fue discreta, bajó ella sola, sin un particular, sin quien le cargue la bolsa, sin mayor accesorio que sus perlas blancas de arete.
Sonrisa, respetuosa con quienes la esperaban y su camino de frente. De blanco, porque (insisto) en la política solo las mujeres con un nivel alto de liderazgo pueden portarlo. El blanco no es para cualquiera, como no lo es la elegancia, aunque lo porten quienes solo intentan ser quienes no son.
María Corina es una líder con jeans y playera, encima del techo de una camioneta, sobre una moto a toda velocidad, recluida en un cuarto blanco sin ver a sus hijos, corriendo en la oscuridad para montarse a un avión o saltarse una valla para saludar a la gente.
El círculo de la cohesión o la congruencia perfecto.
Salió de La Casa Blanca como quien realiza una visita no oficial, no traten de ensuciar este gran logro con pequeñeces en protocolos que pocos conocen. Sin tanto espectáculo alrededor, estuvo con el presidente Donald Trump quien no la ha tratado bien frente y fuera de las cámaras, pero ella ve más allá de eso, porque la congruencia de haber ganado el Nobel de la Paz no solo es luchar por la libertad de un país, sino mantenerse con la frente en alto y seguir andando, y así hasta las puertas de Washington se abrieron a tan solo un mes y medio de haber recuperado su libertad.
La congruencia en imagen y comunicación, la tenemos en esta mujer venezolana que bien podría hacer tanto para mantenerse en la conversación, pero estoy segura de que sabe que en su personalidad está la clave.

