El avión militar estadounidense tipo Hércules que aterrizó en el aeropuerto de Toluca, Estado de México, y de cuya presencia el pueblo se enteró por las benditas redes sociales, “es parte de una coordinación habitual”, dijo la Presidenta Claudia Sheinbaum. Que no se trata de algo muy excepcional que digamos.
¿Por qué en la capital mexiquense y no en el flamante Aeropuerto Internacional General Felipe Ángeles (AIFA) que también es base militar, propio para aviones armados o tropas?
Dijo la Presidenta Sheinbaum que fue por algo de lo que van a informar, pero fue autorizado según la norma. “Labores de logística”. Que, además, no venían soldados. Grande el aparato para volar vacío. Desconocimiento sobre otros usos.
Muy cerca de Michoacán, sobre la denominada Tierra Caliente, limítrofe con Guerrero, en agosto del año pasado fueron avistados drones de Estados Unidos no tripulados, según se informó después, eran de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP por sus siglas en inglés).
El secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, aclaró entonces que aquellos recorridos fueron “a petición del Gobierno mexicano para tareas de apoyo y colaboración” (sic).
Sobre las interrogantes que ahora lanzan opositores políticos, sobre todo senadores extrañados por la falta de su correspondiente visto bueno, pues la mandataria aclaró que el permiso se dio desde el pasado periodo de sesiones. En octubre. Y poco más. ¿Quedó claro? No.
Vaya coincidencia que echa gasolina a la hoguera de las especulaciones y el golpeteo político de siempre, de la misma ralea de aquél que Morena propinaba cuando no estaba en el poder y que ahora, como puede, la oposición articula para apuntar a las presiones del gobierno de Donald Trump. Que por cierto hoy cumple un año, de vértigo, en su segundo mandato presidencial.
En la mañanera presidencial, frases del catálogo —sin descalificarlo— de independencia, autodeterminación, colaboración sin subordinación y luego las raíces antropológicas del buen pueblo que jamás permitiría que una planta de pie ajena tocase nuestro suelo. Y así.
Hoy, Trump le hablará a los suyos, al ala dura cada vez más amplia en el tono que a él le da tanto dividendo político, el de la soberbia, la amenaza abierta, la presión para que México haga más en el combate al tráfico de drogas y fentanilo sin reciprocidad para hacerse cargo del mercado de armas y el consumo local.
Quizá alcance a decir lo usual; que la Presidenta de México es fantástica, pero que acá mandan los cárteles. Que quiere ser buena persona, pero que está dispuesto a intervenir, por petición nuestra o por imposición suya.
El avión militar de Estados Unidos en Toluca alimenta la infodemia. En febrero se discutirá en el Senado lo que se aplazó hace unas semanas, ejercicios conjuntos de capacitación entre soldados de allá y los de acá. Vendrán más.
Y mientras, las tontas redes se inundan con rumores sobre la caída de gobernadores y mandos castrenses.