ANTROPOCENO

Nuevo orden mundial

Bernardo Bolaños. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Bernardo Bolaños. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Algo se ha roto en el sistema internacional que emergió tras la Segunda Guerra Mundial. El nuevo orden mundial es el resultado de varios puntos de ruptura en los últimos años, no sólo de los recientes desplantes de Vladimir Putin y Donald Trump.

En Ucrania y Groenlandia colapsa la ficción de que la guerra territorial estaba excluida de Occidente. Pero el mar de China había sido ya un punto de ruptura. Durante décadas, Occidente sostuvo que la integración económica produciría convergencia política. El caso de Hong Kong probó lo contrario: cuando la soberanía china se percibió en riesgo, las normas y los tratados se suspendieron. El orden liberal no tenía mecanismos reales de coerción frente a China, decidida a imponer su garra.

Recientemente, destaca la disputa abierta por Venezuela, donde chocaron los intereses de Estados Unidos, Rusia y China. No les importaba la democracia, sino el control de recursos. Estados Unidos ganó aquí la más reciente batalla entre imperios.

Desde Davos, nos invitan a pensar hoy la geopolítica en el intervalo de vasallaje o resistencia. El primer ministro de Bélgica dijo que una cosa es ser un “vasallo feliz” (un Estado que acepta pragmáticamente una relación de subordinación económica, militar o política) y otra un “miserable esclavo” (un Estado humillado). Su frase anuncia la rebeldía de Europa o, más elegantemente, su plan de “autonomía estratégica”. La reciente presión estadounidense sobre Groenlandia terminó de romper el tabú porque, por primera vez, desde 1945, un aliado occidental plantea de manera directa la apropiación de un territorio de otro aliado.

Irán es un ejemplo clásico de Estado rebelde frente a Estados Unidos y Ucrania lo es frente a Rusia. Lo novedoso (y aquí está uno de los signos más claros del nuevo orden mundial) es que Europa occidental y Canadá ya hablan también con el lenguaje de la resistencia. No se trata de conflictos periféricos, ni de intervenciones en el Sur Global. La disputa territorial toca el corazón del bloque occidental.

Éste es, quizá, el rasgo más sorpresivo del nuevo orden mundial: la rebelión ya no proviene sólo de los márgenes, sino también del centro. El sistema no se resquebraja únicamente porque Putin y Trump lo desafíen, sino porque quienes lo sostuvieron comienzan a dudar de él.

No estamos ante un nuevo orden estable, sino ante un período de transición caótica. Un mundo donde las normas existen, pero se aplican selectivamente, donde la soberanía se invoca y se viola con igual facilidad, donde la distinción entre aliado y subordinado se vuelve borrosa. En ese mundo, algunos Estados optarán por la comodidad del vasallaje. Otros asumirán el riesgo de la rebelión. Y muchos, como Europa, Canadá y México, intentan habitar una zona intermedia, buscando autonomía sin ruptura total.

El nuevo orden mundial no tiene todavía reglas claras. Pero ya vemos un rasgo inconfundible: la pérdida de inocencia. Nadie puede seguir creyendo que el sistema internacional funciona por principios abstractos. Funciona pore el poder de los grandes y, ojalá, por la astucia y coalición de los Estados medianos y pequeños.

Temas: