Con la intensa campaña de EU anunciando su interés en “comprar” o “hacerse por la fuerza” de Groenlandia, Europa vivió momentos de tensión sin precedentes. Los miembros de la OTAN trataron por todos los medios de razonar con su aliado para hacerlo entrar en razón y no continuar con acciones que dinamitarían un pacto que lleva décadas siendo el garante de la paz para occidente. La sorpresa se transformó en miedo y el miedo llevó a la indignación y a la ira, para luego culminar en desconcierto ante el viraje de la Casa Blanca pretendiendo pasar página.
Si bien parece que la crisis de Groenlandia se viene enfriando, los aliados de Estados Unidos ya no ven con los mismos ojos a una nación que está gobernada por capricho y llena de bravuconería. Europa ha ganado tiempo para prepararse ante una nueva embestida de su otrora compañero de armas.
En este escenario fue interesante la voz que se levantó en el foro de Davos. El primer ministro canadiense, Mark Carney, quien fue gobernador del Banco Central de su país y del Reino Unido, dio un discurso que ha generado muchas reacciones. En él, llamó a las naciones intermedias a la unión basándose en sus valores comunes. Carney les dio una diplomática sacudida a las naciones europeas llamándolas a la acción. Afirmó que, si no toman la iniciativa y se sientan a la mesa como verdaderos protagonistas, acabarán siendo parte del menú.
El discurso de Carney fue todo menos iluso. Reconoció lo que todos sabemos, que el sistema de reglas tan ensalzado por Europa en su querella con EU tenía sus fallas y que nunca se aplicó cuando alguno de los principales miembros de la alianza tenía algún conflicto de interés. Fue un sistema acomodaticio que escondía debilidades y disfrazaba barbaridades bajo la apariencia de legalidad.
Ahora, Carney propone coaliciones basadas en valores e intereses, que vaya tema por tema y que fortalezca el multilateralismo de las naciones intermedias. Una alianza que defienda a sus miembros de las potencias, amigas y enemigas.
Este nuevo “pragmatismo con principios” invita a pactar basados no sólo en la conveniencia sino en pilares culturales compartidos, como son los derechos humanos, la sostenibilidad, la solidaridad y un sistema de reglas claras. Estos principios han llevado a países de Europa y a Canadá a tener sistemas avanzados en materia de salud, de derechos laborales y de políticas medioambientales que han impactado positivamente en la calidad de vida de sus ciudadanos. Es una cultura que los distingue y que potencialmente los une para hacer frente común, desde el comercio principalmente, para defenderse de chantajes y agresiones.
Ante los discursos timoratos europeos, la avanzada de Carney es una opción interesante que emerge en el caos político.