BAJO SOSPECHA

La culpa es de Gatell

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

México está a nada de perder el estatus de erradicación de enfermedades como el sarampión. Y es que la falta de vacunación está haciendo que esta enfermedad, prácticamente erradicada, esté volviendo a nuestro país.

Perder el estatus de erradicación de una enfermedad es gravísimo para México y para la población en general. No es un tema político, es un tema de salud pública.

La evaluación la realizan la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud, con base en datos técnicos. Analizan la cobertura de vacunación, la vigilancia epidemiológica y la presencia de transmisión local.

Cuando un país deja de vacunar o permite brotes sostenidos, pierde automáticamente ese estatus, con consecuencias sanitarias, económicas y de credibilidad internacional. Y México ha dejado de vacunar.

Durante décadas, nuestro país fue un referente internacional en materia de vacunación. Hasta antes de 2018, el país contaba con uno de los esquemas de vacunación más completos y eficientes de América Latina, basado en jornadas nacionales intensivas, brigadas comunitarias, una red sólida de centros de salud y la Cartilla Nacional de Vacunación como eje de control y seguimiento.

Poder inmunizar a todo el país no era fácil. Se requería que las vacunas se compraran y se distribuyeran hasta los lugares más recónditos; además, cuidar su traslado tampoco era sencillo: requieren muy poco movimiento y mantenerse a cierta temperatura. Pero López Obrador, en 2018, decidió que vacunar era muy fácil y se desarmó toda esa red sin crear una estructura nueva y efectiva.

Con el esquema de vacunación que sirvió en México hasta 2018, se había logrado erradicar o mantener bajo control enfermedades como la poliomielitis, el sarampión, la rubéola congénita, la difteria y el tétanos neonatal. Fue un trabajo de décadas, reconocido incluso por organismos internacionales de salud.

GESTIÓN NEGLIGENTE

Hugo López-Gatell, exsubsecretario de Salud, en imagen de archivo.
Hugo López-Gatell, exsubsecretario de Salud, en imagen de archivo. ı Foto: Cuartoscuro

Con la llegada de la 4T y la desarticulación de las jornadas masivas de vacunación, hubo fallas recurrentes en la compra y distribución de vacunas, se rompieron cadenas de suministro y se dejó de priorizar la cobertura preventiva como política de Estado.

En muchos centros de salud, incluso hasta la fecha, no hay vacunas, y millones de niños quedaron con esquemas incompletos.

Que México esté en riesgo de perder el estatus de erradicación de enfermedades quiere decir que no se ha logrado interrumpir la transmisión local de una enfermedad por falta de vacunación. Y es que cuando no se vacuna, los virus regresan y afectan incluso a los que sí están vacunados. Y lo peor de todo es que volver a erradicar una enfermedad que ha resurgido es muy difícil.

Uno de los mayores errores cometidos con la llegada de Morena al poder es que se eliminó la cartilla de vacunación obligatoria en las escuelas. Hoy no es requisito, como durante mucho tiempo lo fue, estar vacunado para poder inscribir a los niños en la escuela.

Hasta hace unos siete años, cada padre de familia que quisiera inscribir a su hijo o hija cada año tenía que presentar su cartilla de vacunación. Muchas veces a algunos padres de familia se les había olvidado cumplir con el esquema de inoculación y así eran obligados a hacerlo.

El mismo Estado tenía todas las vacunas y se preparaba para la fecha de inicio de clases, porque era cuando llegaban muchos menores para poder completar su cartilla y entrar a la escuela. Hoy, ese requisito se eliminó.

Por años, México fue pionero en Latinoamérica en cuanto al esquema de vacunación, evitando que muchas enfermedades se propagaran y dando una atención adecuada. Es verdad que hace algunos años existía el temor de que ciertas vacunas tuvieran efectos secundarios, pero por más de 80 años se han aplicado inoculaciones como la de la polio, hoy erradicada. También vacunas como la del sarampión han demostrado que es mucho mejor tenerlas y evitar contagios.

La falta de vacunación tiene una relación directa con el brote de sarampión que hoy tenemos en el país.

En 2019 y 2020, el Gobierno federal dejó a seis millones de niños sin vacunas porque no las compró o lo hizo con retraso. No debemos olvidar, como mexicanos, la pésima gestión de Hugo López-Gatell, quien, siendo subsecretario de Salud y epidemiólogo, no diseñó una estrategia adecuada para la compra de vacunas ni se realizaron campañas masivas de comunicación para alertar a los padres, como se había venido haciendo en sexenios anteriores.

Durante el primer semestre de 2019 aún había vacunas de las compras del año anterior, pero no hubo previsión para el resto del año. Para agosto de 2019, familias y personal médico protestaron por la falta de biológicos del cuadro básico para menores, antes de que comenzara la pandemia por Covid-19 y cuando ya se reportaban los primeros brotes de sarampión.

Con la llegada del actual secretario de Salud, David Kershenobich Stalnikowitz, se empezó a reactivar el esquema de vacunación.

Hoy, de acuerdo con el propio secretario de Salud, la cobertura de vacunación completa es del 81.1%, aún muy lejos del ideal del 95%. Pero por más que se intente corregir lo que se dejó de hacer durante la administración de López Obrador, el daño está hecho.

México puede perder el estatus de erradicación de enfermedades. Es una tristeza exponer a los mexicanos de esta forma. El sarampión, por ejemplo, afecta de manera más agresiva a los adolescentes, por lo que es fundamental que estén vacunados.

En 2016, la OMS certificó a las Américas como libres de sarampión endémico, y México formó parte de ese reconocimiento. Hoy estamos regresando a los casos de sarampión.

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No debemos olvidar a este triste y célebre personaje que es Hugo López-Gatell. El funcionario público, que fue subsecretario de Salud con López Obrador y quien comenzó a desmantelar la compra y las jornadas de vacunación con López Obrador. Siendo subsecretario de Salud y epidemiólogo, no hizo una estrategia adecuada para la compra de vacunas ni campañas masivas de comunicación.

Es el mismo que en plena pandemia pidió sobrediluir la vacuna de Pfizer para obtener siete dosis en lugar de seis. Nunca se supo si quienes fueron inoculados así tuvieron protección completa.

Hoy ha sido premiado por el Gobierno. Aunque no ocupa un cargo técnico dentro de la Organización Mundial de la Salud —porque no fue aceptado—, fue designado como representante de México ante la OMS y otros organismos de la ONU en Ginebra. No toma decisiones dentro de la estructura de la OMS; actúa como enlace diplomático y portavoz del Estado mexicano. Es decir, cobra un sueldo.

López-Gatell es un hombre que le ha hecho un daño enorme a los mexicanos y hoy México enfrenta la advertencia de perder el estatus de erradicación de enfermedades. Este personaje tiene mucho que ver por su pésima gestión.

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