VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

Las primeras derrotas de Trump

Gabriel Morales Sod*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Los primeros meses de la segunda presidencia de Trump fueron un verdadero tsunami: decisiones ejecutivas por docenas, persecuciones y venganzas políticas; recortes masivos de impuestos a los más ricos y de programas de seguridad social y salud; aranceles que sacudieron al mundo reordenando el sistema financiero de la posguerra.

Ataques militares contra Irán, embestidas contra aliados europeos, el secuestro de Maduro en Venezuela; y una campaña agresiva de deportaciones públicas alrededor del país.

Envalentonado por una victoria contundente, el presidente y su equipo cercano de asesores —ya no de la vieja guardia republicana, sino ideólogos de extrema derecha— y consciente de que en menos de dos años tendría que enfrentarse a las elecciones de medio término, Trump se lanzó con toda su fuerza. Sin embargo, como nos enseñan las leyes de la física, a toda acción corresponde una reacción.

En estas dos últimas semanas, tanto en el ámbito internacional como en casa, Trump ha sufrido por primera vez dos derrotas significativas. La primera ocurrió en su intento expansionista de conquistar Groenlandia. Durante el primer año de su mandato, asustados por su comportamiento errático y conscientes de que las normas internacionales y el respeto no suponen un verdadero límite para el presidente, los líderes del mundo optaron por una posición de subordinación: le inventaron premios, lo elogiaron en público y cedieron ante varias de sus demandas más estridentes.

A pesar de que algunos líderes, como la presidenta Sheinbaum, se mostraron firmes y fuertes detrás de las cámaras –una estrategia que meses después podemos ver que dio mejores resultados que la de la sumisión—, el mundo, con excepción de sus rivales geopolíticos Rusia y China, se doblegó ante Trump. La amenaza de invadir territorio europeo y de romper la alianza militar más grande de la historia fue, sin embargo, algo que ni siquiera los más sumisos pudieron tolerar.

Casi de inmediato, las potencias europeas, lideradas por Dinamarca, comenzaron a actuar y enviaron tropas (un par de decenas) a Groenlandia. El mensaje fue claro: si Estados Unidos decide dar este paso, tendrá que hacerlo por las malas, con imágenes de soldados alemanes, franceses y británicos esposados. Detrás de las cámaras, Europa decidió también presentar una amenaza concreta: el retiro de cientos de millones de euros del mercado de bonos y de la bolsa estadounidense, poniendo en verdadero riesgo la economía de ese país. El primero en tomar acciones fue el fondo de pensiones danés, que anunció el retiro de más de 100 millones de euros en bonos del Tesoro. Trump terminó doblegándose, tanto pública como privadamente.

Lo mismo sucedió con su campaña de deportaciones. Después del asesinato a sangre fría de dos ciudadanos estadounidenses que simplemente estaban ejerciendo su derecho constitucional a la protesta, y a pesar de que sus asesores trataron de catalogarlos como terroristas y seguir adelante con esta operación macabra, la respuesta de la sociedad y de la clase política estadounidense fue contundente: en las calles, en el Congreso y en los medios de comunicación.

Como en el caso de Groenlandia, Trump se dio cuenta rápidamente de que había excedido sus propios límites. La pregunta ahora es si esta nueva oposición puede poner a Trump bajo control en el ámbito internacional y si esta energía puede mantenerse hasta noviembre, cuando los ciudadanos salgan a votar por nuevos representantes y senadores en el Congreso.

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