BAJO SOSPECHA

“No fue un rescate, el fondo fue el terreno, nunca los animales”

› El activista Arturo Islas Allende acusa que el desalojo del predio respondió a intereses inmobiliarios; señala presuntas irregularidades, operativo improvisado y cientos de perros y gatos que están asegurados

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Durante casi 50 años, el Refugio Franciscano en la Ciudad de México fue un espacio dedicado al resguardo de perros y gatos en situación de abandono. Hoy, su historia terminó envuelta en un conflicto legal, denuncias de maltrato animal y un operativo caótico que dejó a cientos de animales en condiciones terribles. Detrás del desalojo surgieron presuntos intereses inmobiliarios, decisiones judiciales cuestionables y una actuación deficiente de las autoridades. ¿Qué pasó con ese predio?, ¿por qué se hizo ese operativo para mover a los animales y desalojar el terreno?

Hoy, para La Razón, platicamos con Arturo Islas Allende, activista y defensor de los animales, quien nos contó qué hay detrás de esta historia del Refugio Franciscano y cuál es la situación de las decenas de perros y gatos que fueron desalojados.

Elementos de la SSC desalojaron el Refugio Franciscano, el pasado 7 de enero. ı Foto: Cuartoscuro

Bibiana Belsasso (BB): Tú has documentado paso a paso lo que ocurrió con el Refugio Franciscano. Para entenderlo bien, empecemos por el principio. ¿Cómo nace este refugio y cuál era su función original?

Arturo Islas Allende (AIA): El Refugio Franciscano se fundó en 1977, en los años setenta, por voluntad de don Antonio Hagenbeck. Don Antonio era un amante profundo de los animales y de las causas sociales. En su testamento dejó muy claro que sus bienes, particularmente los inmuebles y los recursos que generaran, debían destinarse al bienestar animal y, en algunos casos, a labores de asistencia pública para niños y otras causas sociales. Uno de esos bienes fue este predio, que dejó expresamente para que se utilizara únicamente como refugio de animales en situación de calle. Ese terreno se entregó en comodato a los franciscanos, con una condición muy clara: no podía usarse para otra cosa que no fuera el resguardo y la protección de animales abandonados.

BB: Estamos hablando de casi 50 años de funcionamiento. ¿Qué tipo de animales recibía el refugio durante todo ese tiempo?

AIA: Principalmente perros y gatos. Durante décadas recibió una cantidad enorme de animales. Había una comunidad muy grande que conocía el refugio: gente que adoptaba, personas que pedían ayuda cuando tenían un perro enfermo o abandonado. Incluso hubo convenios con autoridades que llevaban perros al refugio. Imagínate lo que implica operar un refugio durante 50 años. No es algo sencillo. Es una labor constante, con pocos recursos, sostenida muchas veces por la buena voluntad de quienes lo operan. Y de pronto, después de todo eso, el refugio es desalojado.

BB: Pero tengo entendido que el terreno donde estaba el refugio es muy valioso, ¿no?

AIA: Sí, es un terreno muy valioso desde el punto de vista inmobiliario. Y ahí empieza el problema. La Fundación Antonio Hagenbeck y de la Lama, que era la responsable de cumplir la voluntad de don Antonio, termina comprometiendo ese terreno en una transacción inmobiliaria. Aquí es importante aclarar algo: no se comprometía el refugio como tal, sino el terreno. Pero había un obstáculo enorme: los perros. No se podía simplemente vender o desarrollar el predio mientras el refugio siguiera ahí y mientras existiera la voluntad expresa del fundador.

BB: ¿Y ahí es cuando empieza todo este conflicto?

AIA: Exactamente. Cuando se empieza a descubrir que el interés real no eran los animales, sino el terreno, la fundación pierde mucha credibilidad. Ahora, ojo, no estoy diciendo que los refugios no deban mejorar sus condiciones. Claro que siempre hay cosas que regular: hacinamiento, recursos, atención veterinaria. Pero hay que ser muy claros: los refugios de animales en situación de calle se sostienen con muy poco. Es muy fácil criminalizarlos desde el escritorio, pero muy pocos tienen la autoridad moral para hacerlo si nunca han sostenido un refugio. No estamos hablando de fauna silvestre, sino de animales abandonados, que nadie quiere adoptar y que incluso representan un problema de salud pública. Estos refugios hacen lo que pueden con lo que tienen.

BB: ¿Qué fue lo que ocurrió legalmente para que los franciscanos salieran del predio?

AIA: La fundación logra recuperar la posesión del terreno a través de jueces. Sacan a los franciscanos, pero los perros se quedan ahí. Durante varios días, la fundación, que es la interesada en el terreno, se queda sola con los animales, sin sus cuidadores originales. Y aquí viene lo más grave: días después entra la fiscalía y “descubre” el presunto maltrato animal. Pero cuando entra la fiscalía, los franciscanos ya no estaban, los cuidadores ya habían sido expulsados y los animales estaban bajo custodia de la fundación.

BB: Eso levanta muchas dudas…

AIA: Totalmente. Yo siempre hago la misma pregunta: si dejas cientos de perros sin limpieza ni cuidados durante varios días, ¿qué esperas encontrar? Evidentemente, va a haber condiciones deplorables. Por eso se presume que pudo haber un montaje. Además, cuando yo intenté entrar a documentar la situación, la fundación no me permitió el acceso. Me pedían que sólo “replicara” su versión. Eso es muy raro. Si tú vas a denunciar maltrato animal, lo lógico es que invites a documentar, no que cierres la puerta.

BB: Después viene el operativo para sacar a los animales. ¿Qué fue lo que pasó ahí?

AIA: Fue un desastre. Sacar entre 800 y mil 200 animales —porque hay versiones distintas sobre la cifra— requiere planeación, protocolos, veterinarios, transporte adecuado y un destino final claro. Nada de eso existía. Se actuó con prisa porque había un amparo que estaba por favorecer a los franciscanos. Entonces había que sacar a los animales rápido. Los sacaron como pudieron: en transportadoras, camiones de redilas, costales, sin un plan real. Muchos perros fueron llevados a la Brigada de Vigilancia Animal y otros al Ajusco, a un sitio improvisado, en pleno invierno, con temperaturas cercanas a cero grados. Eso es completamente contradictorio si se supone que los estaban “rescatando” por maltrato.

BB: Tú documentaste imágenes muy duras de perros en transportadoras por días.

AIA: Sí. Hubo alrededor de 250 perros que estuvieron varios días encerrados en transportadoras, sin acceso libre a agua, sin poder moverse, en un entorno ruidoso y frío. Eso no es rescate, es más maltrato. Además, durante días nadie sabía dónde estaban todos los animales. Luego se descubrió que algunos estaban escondidos en el Deportivo Los Galeana. Ahí estuvieron encerrados varios días más, hasta que se hizo pública la denuncia.

BB: ¿Y hoy cuál es la situación legal de esos animales?

AIA: Los animales están asegurados, no decomisados. Eso es muy importante. Están bajo carpetas de investigación, lo que significa que no pueden ser dados en adopción todavía. No tienen un destino final definido. Todo lo que les pase ahora es responsabilidad de las autoridades. Y el problema es que siguen llegando perros heridos y enfermos, y el propio Hospital Veterinario de la Ciudad de México ha reconocido que no tiene los insumos suficientes.

BB: ¿Esto ya se resolvió o sigue abierto?

AIA: Sigue completamente abierto. Hay una laguna legal enorme. Hay perros desaparecidos, versiones contradictorias, intereses inmobiliarios que deben investigarse y una actuación muy deficiente de las autoridades. El fondo nunca fueron los animales. El fondo fue el terreno. Y mientras tanto, los que pagan las consecuencias son los perros y gatos que quedaron atrapados en este desastre.

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