Hoy se cumplen 109 años de la Constitución de 1917. Como ya lo he hecho en otras ocasiones centro la atención en su capítulo económico, artículos 25 al 28, haciendo hincapié a la libertad individual y la propiedad privada que, en México, por culpa del mismo, no están plenamente reconocidas, puntualmente definidas, jurídicamente garantizadas.
Leemos, en el tercer párrafo del Art. 25 que “el Estado planeará, conducirá, coordinará y orientará la actividad económica nacional”, lo cual suena bien por dos razones. Primera: lo que el Estado (que para todo efecto práctico es el gobierno), hará es planear, conducir, coordinar y orientar, siendo lo contrario la improvisación que no lleva a ningún lado. Segunda: lo que el gobierno planeará, conducirá, coordinará y orientará es la actividad económica nacional, de cuya buena marcha depende el bienestar de las personas. ¿Conclusión? Qué bueno que el gobierno planeé, conduzca, coordine y oriente la actividad económica nacional. ¿En serio? Pensémoslo mejor.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que la actividad económica nacional no existe, es una abstracción. Lo que existe son las actividades económicas de cada uno de nosotros, individualmente considerados, desde la producción de bienes y servicios hasta su consumo, por lo que la única manera de que el gobierno planeé, conduzca, coordine y oriente la actividad económica nacional es planeando, conduciendo, coordinando y orientado las actividades económicas de cada uno de nosotros, desde la producción hasta el consumo. Si así fuera, que todavía no lo es, ¿dónde quedaría la libertad individual para, por un lado, producir, ofrecer y vender, y, por el otro, para demandar, comprar y consumir, actividades económicas que comienzan por la producción de satisfactores (el medio), y terminan por su consumo (el fin).
Parte de la respuesta la encontramos en el mismo párrafo tercero del Art. 25, en el cual leemos que “el Estado planeará, conducirá, coordinará y orientará la actividad económica nacional (…), en el marco de libertades que otorga esta Constitución”. Las personas somos libres, no porque la Constitución nos otorgue la libertad, sino porque tenemos naturalmente la facultad para decidir y elegir, fundamento de nuestra dignidad. Lo que la Constitución debe hacer es reconocer y garantizar la libertad, no otorgarla (en una de esas, así como la otorga, la quita). ¿Cómo hemos permitido que la Constitución esté redactada en tales términos?
Supongamos que el gobierno decide hacer valer lo que dice el tercer párrafo del Art. 28 constitucional y, a partir de mañana, planeará, conducirá, coordinará y orientará la actividad económica nacional, para lo cual tendrá que planear, conducir, coordinar y orientar las actividades económicas de cada uno de nosotros, desde la producción hasta el consumo. Si así fuera, ¿qué tendríamos que hacer? Sentarnos a esperar sus órdenes.
¿Es el gobierno capaz de planear, conducir, coordinar y orientar las actividades económicas de todos nosotros? No, por lo tanto, es incapaz de planear, conducir, coordinar y orientar la actividad económica nacional. Y, sin embargo, la Constitución dice que debe hacerlo, lo cual sería éticamente injusto y económicamente ineficaz.
Continuará.