CONTRAQUERENCIA

Plaza México: 80 Aniversario

Eduardo Nateras<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Eduardo Nateras*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Fue un 5 de febrero de 1946 —hace 80 años—, cuando se inauguró la Monumental Plaza de Toros México, en la colonia Ciudad de los Deportes, abarrotada por más de 42 mil almas reunidas para presenciar un momento histórico y un cartel de alarido: toros de San Mateo para Luis Castro El Soldado, Manuel Rodríguez Manolete y Luis Procuna.

Al respecto, conservo como uno de mis más preciados recuerdos la anécdota de mi abuelo sobre las peripecias que pasó para poder estar sentado ahí, ese día. Aquel lejano 5 de febrero —y entonces con tan sólo 16 años—, tuvo la enorme fortuna de que un amigo suyo del pueblo, ante la imposibilidad de poder asistir, le regalara sus boletos a tan sólo unas horas de que sonaran parches y metales por primera vez en el Coso de Insurgentes. El resto es historia.

Igualmente atesoro la primera remembranza que tengo de haber asistido a la plaza, con mi abuelo —claro está—, quien me hizo recrear el paseíllo en las inmediaciones de La México, con una monterita bien ceñida y un pequeño capote bien fajado, cortesía de los vendedores taurinos de los alrededores de la plaza.

Fue hasta inicios de los noventa, de la mano del empresario Curro Leal, cuando en el marco del aniversario de la inauguración de La México, cada 5 de febrero se celebraba una corrida particularmente atractiva, al grado de lograr instaurarla como la fecha más relevante en calendario taurino de “la América” y el cartel en el que toda figura del toreo —nacional o extranjera— añoraba verse anunciada en algún momento de su carrera.

Desde entonces, cada aniversario de la plaza se convirtió en una fecha de fiesta para la afición taurina de la ciudad y de muchas otras latitudes, en la que bien valía la pena escaparse de la escuela o el trabajo, armar una buena comilona previa y ver toros, muchos toros.

Con el tiempo, empresarios, toros y toreros cambiaron y, de la mano, también la afición. De a poco, los tendidos se fueron vaciando y atrás fueron quedando las grandes tardes de llenos “hasta el reloj”. Así llegó la Temporada Grande 2019-2020, la última temporada completa que formalmente dio la empresa de La México. A las pocas semanas vino la pandemia y, con ello, un largo confinamiento y la proscripción de eventos multitudinarios.

Desde entonces, ya nada volvió a ser igual: mucha gente ya no volvió a la plaza, pero, en muchos sentidos, los toros tampoco lo hicieron. Vino el estira y afloja legal, corridas esporádicas en los tiempos sin suspensión y una empresa que, tiempo antes, ya había dado visos de que su cartera, mente y corazón ya no eran taurinos. Desde marzo de 2025, las corridas de toros, como las conocemos, quedaron prohibidas en la Ciudad de México.

Con toros y —muy tristemente— sin ellos, quienes asistíamos cotidianamente a la Plaza México, siempre la llevaremos en la mente y en el corazón, como el lugar en el que disfrutamos de grandes tardes, con familia, amistades y seres queridos, y en donde pudimos tener pequeños momentos de apoteosis y felicidad plena, de ésos que llenan la vida y alimentan el alma.

En fin, nadie dijo que el amor no duele. A torear en otras latitudes, tiempos y plazas, con otra gente y hasta en otros paralelos, porque aquí, en la Plaza México, ya no se puede, y no porque no queramos, sino porque ya no nos dejan.

¡Felicidades, mi chula!

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