BAJO SOSPECHA

“Alguien le dio a mi hijo una pastilla azul y lo mató; sólo quería encajar”

La madre advierte que algo así puede pasarle a cualquiera, pese a los valores que se inculquen, los adolescentes prueban límites, añade; recomienda ensayar escenarios para que sepan cómo decir “no”

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

No hay dolor comparable al de una madre o un padre que entierra a un hijo. Es un sufrimiento que no tiene nombre y que nunca se supera. Hoy, ese dolor se multiplica todos los días en miles de hogares por una causa concreta: la muerte por drogas; en el caso que les voy a contar, por fentanilo.

Familias enteras están siendo destruidas por una droga que se vende como pastilla, que se disfraza de medicamento, que se presenta como “inofensiva” y que, en realidad, mata con una sola dosis. Hijos que salen de casa para ir a la escuela, a una fiesta o a reunirse con amigos, y nunca regresan.

En Estados Unidos más de 110 mil personas murieron por sobredosis en 2023, y cerca del 70% de esas muertes estuvieron relacionadas con opioides sintéticos, como el fentanilo.

Es hoy la principal causa de muerte entre jóvenes de 18 a 45 años. En términos prácticos, mueren alrededor de 300 personas al día por esta droga: como si todos los días se estrellara un avión lleno de pasajeros.

Desde finales del año pasado, las muertes por fentanilo se han reducido casi en un 30%, pero aun así la cifra sigue siendo muy alta. Y es que detrás de cada persona muerta hay un nombre, una historia y una familia rota.

Esta semana estuve en Washington D. C., en el seminario “Combatiendo al narcoterrorismo”, donde se reunieron políticos, funcionarios y personas de la sociedad civil. Ahí conocí a Anne Fundner, madre de Weston, quien murió a los 15 años porque sus “amigos” lo presionaron para probar fentanilo. Un cuarto de pastilla lo mató.

Su madre, Anne, cuenta que era buen estudiante, iba a la iglesia, tenía amigos, sueños y un futuro por delante. Probó una sola pastilla azul que alguien le ofreció para “pertenecer”. Esa pastilla estaba contaminada con fentanilo. Desde entonces, Anne se ha dedicado a dar voz a las personas que sufren para así evitar que más jóvenes mueran.

La periodista Bibiana Belsasso con Anne Fundner, en Washington DC. ı Foto: Especial

Bibiana Belsasso (BB): Cuéntanos primero la historia de Weston: ¿qué pasó, qué tipo de presión enfrentó y qué estás haciendo ahora para evitar este dolor a otras familias?

ANNE FUNDER (AF): Weston era un niño muy dulce, tenía muchos amigos, amaba a Dios. Estaba en una escuela privada, vivíamos en California. Era un buen estudiante. Parecía tener todo resuelto, todo lo que uno sueña para su hijo. Teníamos muchos sueños para su futuro. Desafortunadamente, todo se cortó porque alguien le dio una pequeña pastilla azul en una nueva escuela. Él quería hacer amigos, quería encajar, no quería sentirse excluido. Había escuchado el nombre Percocet (es un opioide que se vende por prescripción médica; es una mezcla de oxicodona y paracetamol. Hoy existen pastillas falsas que aparentan ser Percocet y están contaminadas con fentanilo). Y es que los narcotraficantes aseguran que el fentanilo que distribuyen es “legal”, y no es así; eso es sólo un engaño para vender pastillas. Yo nunca le permití tomar medicamentos así, pero al escuchar el nombre pensó: “Si los doctores lo recetan, debe estar bien”. Probó la pastilla y lo mató.

BB: ¿La primera pastilla acabó con su vida?

AF: Sí. No se puede experimentar con nada. Creemos que tomó apenas un cuarto de pastilla. Cualquier cantidad lo mató. Le quitó la vida y, en un instante, se llevaron todos nuestros sueños.

BB: ¿Esto ocurrió en la escuela? ¿Supiste si otros amigos de Weston también consumían?

AF: No fue dentro de la escuela, fue cuando estaba con amigos. Hemos sabido que otros estudiantes de esa escuela también han tenido incidentes. El área es un foco rojo: California, cerca de San Diego. Hay muchas drogas ahí. Uno cree que eso nunca va a pasar en su casa. Ves en las noticias que les pasa a otros, pero no a nosotros. Criamos a nuestros hijos con valores, con iglesia, deportes, tutores, educación… pensamos que estábamos haciendo todo bien.

BB: ¿Viste alguna señal de alerta antes? ¿Algún cambio en tu hijo?

AF: No nos gustaban algunos amigos nuevos que no venían de su escuela cristiana. Traté de protegerlo y saber con quién estaba, pero los adolescentes son adolescentes: prueban límites. Uno espera haberles dado las mejores herramientas, pero la presión social es muy fuerte, las amistades influyen mucho, el estatus social importa para ellos. Mi hijo decidió confiar más en lo que escuchó afuera que en lo que yo le enseñé. Y eso hacen muchos adolescentes: toman malas decisiones.

BB: Da miedo que esto le haya pasado a Weston, viniendo de una familia cristiana, con una mamá tan presente y con una buena posición socioeconómica.

AF: Puede pasarle a cualquiera. Mi mensaje a los padres es: hablen con sus hijos desde muy pequeños. Ensayen escenarios: ¿Qué vas a hacer si alguien te dice “sólo pruébalo”? ¿Qué vas a hacer si está la chica que te gusta y todos están probando? Enséñenles qué palabras usar para decir “no”.

BB: ¿Qué frases concretas pueden usar los jóvenes para salir de una situación donde los quieran presionar para consumir algo que no quieren?

AF: “Eso no es lo mío, gracias”. “No me interesa”. “Mi mamá viene por mí”. Lo que sea que funcione. Yo subestimé pensar que mi hijo, por ser fuerte y seguro, nadie lo convencería. Me equivoqué. Ojalá hubiera practicado estas conversaciones con él para que, cuando llegara el momento, supiera qué decir con firmeza. Muchas veces, si te toman por sorpresa, es más difícil decir no. Como cuando un vendedor insiste. La presión social funciona igual. Pero si ya sabes que la respuesta es “no”, es más fácil.

BB: Creo que eres una mujer muy fuerte. Convertiste una tragedia en una misión para ayudar a otros. ¿Qué haces como Angel Mom?

AF: Soy activista. Hablo sobre esta epidemia. Trabajo con cualquiera que quiera ayudar. He tenido la oportunidad de trabajar con funcionarios del gobierno de Estados Unidos, incluso con el presidente Trump. Cuando 300 personas mueren al día, es como si se estrellara un avión jumbo diario. Eso tenía que cambiar.

BB: Has ido al Congreso a pedir leyes más fuertes contra el narcotráfico.

AF: Sí, testifiqué contra la administración Biden. Durante mucho tiempo no se hizo nada. Hoy tenemos un presidente que está asegurando la frontera y tomando este tema como prioridad. Trescientas muertes diarias por la principal causa de muerte en Estados Unidos es algo que debía atenderse.

BB: ¿Qué le dices a los padres que creen que esto no les va a pasar, o a los jóvenes que piensan que pueden consumir sin consecuencias?

AF: No es cierto. Te puede matar. Ya no es sólo el fentanilo: hay carfentanilo, nitazenos, xilazina. Los dealers contaminan todo, incluso la marihuana o la cocaína, para volverlo más adictivo. Una sola vez puede matarte. No es cuestión de “si”, es cuestión de “cuándo”. Esto no es una sobredosis. Es un envenenamiento. Nadie merece ser engañado hasta morir. Es como pedir una copa de vino y que te den cianuro. Es exactamente lo mismo. La decepción y el engaño son maldad pura y deben enfrentarse con toda la fuerza de la ley. Agradecemos que el Gobierno mexicano esté trabajando con Estados Unidos para combatir este problema. Urgen leyes cada vez más duras para estos delincuentes que están matando a nuestros hijos.

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