En el arranque del primer mandato de Donald Trump, los editores del Post colocaron la siguiente leyenda debajo del cabezal de la primera plana: “La democracia muere en la oscuridad”. Era una toma de postura ante un gobierno que hizo (que hace) de la mentira uno de los ejes de su comunicación. La realidad alterna, los otros datos, son nocivos para el debate informado y contribuyen a erosionar las libertades.
Muchas cosas pasaron desde 2017, entre ellas el retorno de Trump al poder, y ahora se enfrenta una de las crisis más severas, que se puede dimensionar con el despido de 300 periodistas esta semana.
Es un golpe rotundo a una de las redacciones más prestigiosas, pero que ha menguado su influencia por al menos dos factores, el que proviene del cambio en los modelos de información y que devino de la decisión primero de retirar el apoyo editorial a Kamala Harris, la candidata presidencial del Partido Demócrata y, sobre todo, de aligerar la página editorial para no contrariar a Trump.
500 mil lectores se perdieron en estos lances, lo que se sumó a la disminución de anunciantes.
Martin Baron, quien fue editor del diario, escribió, “éste es uno de los días más oscuros en la historia de una de las organizaciones de noticias más importantes del mundo. Las ambiciones de The Washington Post se verán drásticamente mermadas, su talentoso y valiente personal se verá aún más reducido, y el público se verá privado de la información objetiva y de primera mano en nuestras comunidades y en todo el mundo”.
Las lecciones de esta historia son diversas, pero una de ellas radica en el daño que puede causar la confusión entre el negocio y el propio periodismo. Lo que siempre está en la balanza es la utilidad social y las libertades que se protegen en el batallar diario de editores, reporteros y articulistas.
Son líneas frágiles que supieron sortear los Graham, en particular Katherine, quien se comprometió con una de las investigaciones más trascendentes de la historia, la del Watergate.
Vendieron el Post a Jeff Bezos en 2013, quien en una primera etapa se comprometió con la redacción y permitió que se actuara con los estándares de independencia y profesionalismos tradicionales en ese diario.
El retorno de Trump al poder propició que empresarios como el propio Bezos no quisieran otros cuatro años de amenazas y presiones, y donde se sufrieron las consecuencias de esta mudanza de convicciones fue precisamente en un diario que hizo enfurecer a la Casa Blanca, porque documentó con precisión las mentiras propagadas por el presidente de Estados Unidos.
El Fact Checker arrojó 30 mil 573 afirmaciones falsas o engañosas en cuatro años. En promedio, 21 afirmaciones falsas al día, con un pico de 504 falsedades en las 24 horas previas a la elección del 2 de noviembre de 2020. Un Pinocho sin fondo.
