PUNTO CIEGO

Júpiter, el buey y Ricardo Peralta

Daniel Santos Flores. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: Especial

En Las metamorfosis, Zeus, conocido por los romanos como Júpiter, quedó cautivado por la belleza de Europa, hija del rey Agenor. Para acercarse sin provocar temor, decidió transformarse en un toro blanco extraordinariamente dócil. No era un toro cualquiera; su piel brillaba, sus cuernos eran perfectos, su presencia inspiraba confianza.

Europa, intrigada por la mansedumbre del animal, se acerca, lo acaricia y finalmente se sienta sobre su lomo. En ese momento, el toro se levanta y avanza hacia el mar. Sin violencia aparente, sin resistencia posible, en un claro acto de rapto, la conduce a través del agua hasta Creta. Allí revela su identidad divina.

Palabras más, palabras menos, el dios puede adoptar la forma de un animal sin dejar de ser dios y cometer un crimen sin consecuencias, mientras que el animal jamás podrá asumir la condición del dios sin pagar un precio. Siglos después, los romanos resumieron esa doble moral en una frase brutalmente honesta: “Quod licet Iovi, non licet bovi”, o bien: “Lo que es lícito para Júpiter no lo es para el buey”.

Así es como el llamado movimiento de transformación nacional trata a Ricardo Peralta Saucedo, exsubsecretario de Gobernación, exdirector general de Aduanas y beneficiario de un largo historial de cargos públicos, todos enfocados a la seguridad ciudadana, según él mismo presume en su página de Internet, ricardoperalta.mx/.

Este personaje, que sirvió como lancero y operador de su entonces jefa y secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, es señalado como uno de los responsables de haber tensado y desgastado la relación entre Julio Scherer García y el presidente López Obrador, por lo que no sería extraño que aparezca mencionado en el libro Ni venganza, ni perdón. En su encargo como director general de Aduanas, facilitó operaciones aduanales al extinto empresario Sergio Carmona, personaje íntimamente ligado a un exgobernador de Tamaulipas, hoy prófugo de la justicia mexicana. Según distintas fuentes que aseguran conocer de cerca su empresa de consultoría, nos dicen que cuenta entre sus filas como socio al español Abraham Mendieta, presuntamente pareja sentimental de la senadora Andrea Chávez, quien a su vez es muy cercana al senador y expresidente de esa cámara, Adán Augusto López. Como puede ver, nada de que presumir como para contratarlo.

Ricardo Peralta es, según diversos reportajes periodísticos, un personaje del que la propia “4T” debería tomar distancia, no sólo por lo que hizo y hace, sino por lo que, de acuerdo con fuentes consultadas en Estados Unidos, también pesa en su contra.

A pesar de todo eso, la gobernadora de Tlaxcala, Lorena Cuéllar, lo contrató como jefe de Casa Tlaxcala, sí, ahí se refugió como uno más de los huérfanos del senador Adán. El compromiso debe ser grande, porque o no sabe realmente lo que significa incorporar a un personaje de este calibre, o decidió no tocar base en Palacio. Porque si lo hubiera hecho, le habrían advertido que lo prudente era mantenerlo lejos, muy lejos.

Esa doble moral que impera entre algunos personajes del movimiento fundado por Andrés Manuel López Obrador es la que incomoda al pueblo. Por eso, a pesar de los intentos de la Presidenta Sheinbaum por limpiar la casa, estos incondicionales del pasado se reciclan, se acomodan y siguen encontrando cobijo. Y quienes los contratan aún no entienden que en la refundación que se propuso la Presidenta, no caben este tipo de personajes.

Mientras algunos funcionarios de la Cuarta Transformación critican al pasado, a los exfuncionarios anteriores a 2018 y a los expresidentes, su doble moral sigue intacta. Por eso hoy creo que, en estos nuevos tiempos, hay jupíteres que todo lo pueden y bueyes que todo lo pagan. Y mientras a unos se les permita lo que a otros se les castigaría, la frase romana seguirá vigente…

Reenviado.

“Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”.

- George Orwell, La Rebelión en la Granja.

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