A Morena muy probablemente terminen por desarticularlo sus problemas internos más que la oposición.
No hay partido político que no enfrente grillas y conflictos, la cuestión es cómo lo resuelven. En un buen número de casos minimizan lo que pasa, no toman decisiones y en lugar de que fortalezcan al “movimiento” terminan por debilitarlo.
Se le están sumando muchos problemas al Gobierno y a Morena. Presumen que por pasarlos por alto puede salirse del radar de la sociedad o suponer que se olvidan.

¿Y el SNTE?
Tienen una gran cantidad de problemas que como oposición criticaron asegurando que ellos eran diferentes. Siguen bajo la tónica de que no son como el PRIAN.
El caso de Marx Arriaga sintetiza de alguna manera lo que ha venido pasando. Todo sigue siendo parte del cúmulo de contradicciones y confusiones. Marx se la pasaba declarando en contra de la SEP y su titular, porque no le gustaban las críticas que desde la dependencia se empezaban a hacer a los libros de texto. No es nuevo mucho de lo que se dijo, lo que pasó es que en la práctica se empezaron a dar cuenta de las limitaciones que tenían los textos.
Arriaga pasó a la ofensiva. Escogió el 25 de diciembre pasado para lanzar un documento en el que invitaba a refundar la SEP, porque su titular estaba tratando de cambiar el modelo que se había instrumentado en el pasado sexenio. Lo menos que dijo fue que eran reaccionarios y que no entendían el nuevo rumbo de la educación humanista.
No sólo fue el texto en cuestión. Fue también el uso de lenguaje agresivo e irrespetuoso que ponía a la autoridad en evidencia. En los terrenos de minimizar las cosas, durante todo este tiempo nadie hizo aparentemente un acuse de recibo, lo que incluye a la Presidenta.
Las cosas llegaron al límite. En una operación realmente desaseada tomaron la decisión de destituirlo. Era evidente que Marx no se iba a ir a las primeras de cambio, no se iba a dejar, y de alguna manera le abrieron un espacio para que hiciera su juego, va para largo lo que llama “resistencia”.
Su reacción debía haber sido contemplada. Se ampara en sus relaciones y en lo que llama el “obradorismo”. Tuvo todo el apoyo de la pasada administración para poder hacer los libros de texto a su medida y muy probablemente ese apoyo se mantiene.
En la elaboración de los libros de texto, realmente no se escuchó de manera integral a los maestros. Las participaciones en los foros eran limitadas, y más si se trataba de maestros o especialistas que tuvieron una concepción distinta de la educación. Al final aparecieron metodologías y desarrollo de objetivos que le dio un giro de 180° a la educación que requería de una revisión y experimentación de largo aliento.
Originalmente los nuevos libros se iban a aplicar sólo en ciertos grados escolares, pero de la noche a la mañana, decidieron aplicarlos en todos los grados ante la anuencia y apoyo del expresidente. No hubo la más mínima autocrítica respecto a cómo desarrollar el proceso escolar; al final todo se terminó haciendo un poco al aventón.
Por lo que dice la Presidenta las cosas no van a cambiar en la educación, de no ser poner énfasis en el papel de la mujer en el país. Lo que no se puede pasar por alto es el desaseo con el que hicieron las cosas, lo cual le dio fuerza a un personaje.
Lo que es definitivo es que el ciclo escolar sigue en medio de un gran lío, del cual, por lo que dijo la Presidenta adelantamos que seguirá ahora corregido y aumentado.
Con tal de tenerlo tranquilo lo querían mandar de embajador a Costa Rica, lo cual es lamentable, porque ya se vio qué piensa el Gobierno del servicio exterior.
Marx Arriaga no se va a hacer a un lado como si nada hubiera pasado.
RESQUICIOS.
Hemos visto muchas veces cómo diferentes gobiernos prometen apoyo al cine mexicano. Esperemos que ésta sea la buena. Ojalá sea el punto de partida para que muchos cineastas, no los de siempre, tengan oportunidades. Hay historias por doquier, la clave es que las puedan contar.

