BAJO SOSPECHA

Marx y el daño irreparable

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

Marx Arriaga aseguró, tras ser despedido de la Secretaría de Educación Pública (SEP), que su salida obedece a una disputa de fondo: la intención de avanzar hacia la privatización de la educación en México.

Dijo que dentro del propio Gobierno existen grupos que buscan debilitar el papel del Estado en la enseñanza pública y abrir espacio a intereses privados. Según Arriaga, su defensa de una educación pública, gratuita y con enfoque social chocó con esa visión, y por eso fue apartado.

Es una mentira vil. Marx lo que busca es un botín político, porque no hay nada que apoye más la privatización que ofrecer una escuela pública de pésima calidad, como lo hemos visto en estos últimos años, sobre todo desde que Arriaga llegó como director de Materiales Educativos y la educación en México la empezaron a transformar, no en una que les dé las herramientas a los estudiantes para tener movilidad social y una mejor calidad de vida, sino hacia el adoctrinamiento.

Lo escribíamos en el libro La élite y la raza: que la única manera de poder tener un México sin la enorme brecha de desigualdad que existe es con una buena educación pública.

La educación se agravó por el pésimo manejo durante la pandemia. A esto hay que agregar tantos paros de maestros que son presionados para acudir a movilizaciones en vez de dar clases. Los estudiantes de educación pública han ido perdiendo cada día más lecciones y los resultados de las evaluaciones son cada vez más deficientes, sobre todo en las zonas más marginadas del país.

Platicaba con Aurelio Nuño, exsecretario de Educación, y me daba unos datos de los cuales deberíamos estar alarmados como sociedad.

Nuño nos muestra cómo se ha ido destruyendo el sistema educativo mexicano, sobre todo desde 2018.

Nos explica que por primera vez, desde la creación de la SEP, en 1921, la matrícula escolar no creció, sino que cayó: hay 1.5 millones de alumnos menos que en 2018. La cobertura disminuyó en todos los niveles: preescolar pasó de 71.8% a 63.6%; primaria, de 98.7% a 94.5%; secundaria, de 96.5% a 93.1%; y media superior se desplomó casi 10 puntos, de 84.2% a 74.8%.

El retroceso, señala, golpea sobre todo a los estudiantes más marginados y profundiza la desigualdad. La brecha de asistencia escolar entre quienes hablan español y quienes hablan alguna lengua indígena se amplió en todos los niveles, lo que refleja un sistema cada vez más excluyente.

AL FIN SE FUE

MARX ARRIAGA al momento de abordar el transporte público, ayer.
MARX ARRIAGA al momento de abordar el transporte público, ayer. ı Foto: Cuartoscuro

A la par, la calidad educativa —ya históricamente deficiente— empeoró de forma alarmante. De acuerdo con la prueba PISA 2022, México retrocedió una década: menos del 1% de los jóvenes distingue un hecho de una opinión y sólo 2% puede resolver una regla de tres. Aunque el Gobierno atribuye estos resultados a la pandemia, Nuño subraya que México fue el país de América Latina con mayor retroceso y el que menos hizo para recuperar lo perdido. Para él, el colapso es, sobre todo, autoinfligido.

El exfuncionario identifica tres causas centrales de esta debacle. La primera es la demolición de la profesionalización docente. Recuerda que entre 2012 y 2018 se creó el Servicio Profesional Docente, con concursos abiertos para ingreso y promoción, que sustituyeron un régimen clientelar por uno basado en méritos. Esa reforma debilitó el control del SNTE y la CNTE sobre la carrera magisterial y elevó la calidad. En 2019, Morena la revirtió y restauró el viejo esquema: control sindical a cambio de votos.

La segunda causa es el recorte presupuestal y la eliminación de políticas clave. El gasto educativo cayó de 4.4% del PIB en 2018 a 4.1% en 2024. Se cerraron 25 mil escuelas de tiempo completo que atendían a 3.5 millones de niños marginados. El presupuesto para desarrollo profesional docente se desplomó 88%, y las normales sufrieron recortes similares. También se canceló la expansión de la educación media superior y desaparecieron programas que apoyaban el funcionamiento cotidiano de las escuelas. Sólo crecieron las becas, mal focalizadas y sin capacidad para frenar la caída de matrícula ni la inequidad.

La tercera causa es la imposición ideológica en planes y libros de texto. Se sustituyeron materiales elaborados con amplio consenso por contenidos de baja calidad, orientados más a la propaganda que al aprendizaje.

En 2012, junto con Jorge Fernández Menéndez, como les he contado, publicamos el libro y presentamos el documental La élite y la raza.

Desde entonces decíamos que el mayor peligro de descuidar la escuela pública era que los padres de familia que tenían un poco más de dinero, prefirieran inscribir a sus hijos en una escuela privada, aunque fuera mala, para por lo menos tener la certeza de que no estarían meses sin clases por huelgas de maestros, particularmente en los lugares donde la CNTE maneja a los docentes.

Y es que la creciente privatización escolar no necesariamente garantiza que sea de mejor calidad, pero sí la hace cada vez menos accesible para ciertos sectores: el que nace pobre y sin oportunidades, vivirá siempre pobre y sin oportunidades.

Personajes como Marx Arriaga fomentaron, muy al contrario de lo que dice su discurso, la educación privada. Esto sucede cuando no se les dan opciones reales a los estudiantes y a los padres de familia.

En la actualidad observamos un nivel educativo poco competitivo en rubros como matemáticas, lectura y ciencia.

Y como lo publicamos en el libro La élite y la raza, la solución no está solamente en la infraestructura o en los recursos, sino en la capacitación y el nivel de los maestros, como parte de un proyecto con objetivos claros al que se sumen todos los actores políticos y sociales involucrados.

La educación en nuestro país está federalizada y, por lo tanto, las soluciones deben ser globales, pero al mismo tiempo locales, porque cada entidad de la República tiene necesidades específicas.

Hoy todo indica que desde el Gobierno federal, y con Mario Delgado como secretario de Educación Pública, se busca brindar educación de mejor calidad a los niños y niñas mexicanas, y están sacando del tablero a personajes que le han hecho tanto daño a las y los niños mexicanos como Marx Arriaga.

Que se trabaje en política en casi todo el Gobierno si quieren, pero no se vale hacerlo a expensas de los niños y las niñas, que son el futuro del país y que deberían tener una posibilidad real de prepararse y estudiar para romper la brecha de la desigualdad.

Por cierto, ¿quién creen que apareció para defender a Marx Arriaga? Otro impresentable: Hugo López-Gatell, quien fue el que diseñó la estrategia sanitaria que dejó más de 800 mil muertes por Covid-19 en México.

López-Gatell es el mismo que afirmó que “el cubrebocas sirve para lo que sirve y no sirve para lo que no sirve”, minimizando su uso.

Por su parte, Arriaga, además de hablar de “privilegios”, sostuvo que “leer por placer es un acto de consumo capitalista”, y que promover la lectura responde a una lógica neoliberal. Como dice el dicho: “Dios los hace y ellos se juntan”. Ambos deberían rendir cuentas, no dar lecciones.

Arriaga ya entregó la oficina de la cual ya fue corrido. Sin embargo, lo más grave es que pasarán años y generaciones para resarcir el daño hecho a la educación en México, un daño que abre aún más la brecha de la desigualdad.

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