SOBRE LA MARCHA

¿Diferentes?

Carlos Urdiales. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Carlos Urdiales. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

El uso de dinero público para construir líderes de opinión, medios o personajes, afines al régimen. Delaciones entre camaradas para descarrilar a quienes consideran, dogmáticos o al revés, tibios. Grupos dentro del régimen que todo lo gobierna que se disputan unas trincheras que, sumadas, constituyen el verdadero poder político-electoral.

Los supervivientes tendrán mano para influir en las candidaturas importantes del 2027, sus proyectos les reportarán beneficios en contratos para financiar al “movimiento” y posiciones para sus cuadros, sus redes; para operar otras elecciones y constituir corrientes y simpatías inequívocas de cara a la sucesión presidencial del 2030.

A la sombra de un presidente popular y dueño de los “sectores” del nuevo partidazo, lo sucede una leal con perfil propio, distinto, cercana pero diferente. Y es justo ese retrato el que desata los apetitos de los más vivos, de quienes querían ser pontífices y quedaron cardenales, los “hermanos” de quien no los designó heredero.

Esos que se miran al espejo con mayores aptitudes que la nueva jefa máxima. Le regatean trabajo y operación, le minan proyectos de largo aliento, por comisión u omisión le dejan crecer conflictos de cualquier tipo, incluso aquellos que ellos pueden, llegado el momento, desactivar para lucirse para ser, según ellos, necesarios.

La Presidenta Claudia Sheinbaum planea una reforma política trascendente. Sus operadores y los aliados del movimiento dispondrán de esa intención para aterrizarla en lo que a ellos les resulte más provechoso. Con todo el poder, la inquilina de Palacio no logra que le respeten las comas y los puntos de su proyecto democrático.

Incluso, un sello 4T como la consulta popular para revocar el mandato de quien detente el poder constitucional, está siendo objeto de reflexiones sesgadas. ¿Conviene adelantar la consulta y hacerla concurrente con las elecciones del 2027, o dejarla al primer trimestre del 2028, como está prevista?

¿A quién conviene que la Presidenta esté en la boleta de las intermedias, a quienes buscan que, al rebasar el 40 por ciento de participación, la opinión pública sea vinculante?

¿Será mayor el riesgo para la jefa del segundo piso de la 4T si se monta en la avalancha de campañas proselitistas y financiamientos de todo origen, haciendo más difícil traicionarla con un inesperado voto diferenciado?

¿O en la orfandad de una consulta en solitario en marzo del 2028, con previsible poca promoción y escasa votación, el resultado sea lo de menos al no ser vinculatorio?

En cada caso, la lógica para la defensa de un proyecto mayoritario, pero bien fragmentado, unos más técnicos, otros más rudos, señalados en libros, audios, imágenes a comportamientos vulgarmente ambiciosos o de plano francamente criminales, el retrato del nuevo régimen sostiene una duda cada vez más razonable.

¿En verdad son diferentes? ¿Exfoliar la podredumbre de las clases políticas, pero sin existir sanciones ni castigos, cambia en algo el efecto perverso del engaño populista? Igual fue populista el neoliberalismo. ¿Repartir más implica robar menos? ¿Cargar con el retrato de Marx, progresista-humanista hace una diferencia?