VOCES DE LEVANTE Y OCCIDENTE

La historia detrás del Fórum que salvó a los rehenes

Gabriel Morales Sod<br>*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Gabriel Morales Sod*Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: larazondemexico

Todo comenzó con un post en Facebook. A horas del ataque de Hamas el 7 de octubre de 2023, Malki y Shelly Shem Tov, los padres de Omer, consternados por el paradero de su hijo, publicaron un post pidiendo la ayuda de la comunidad.

Pronto se dieron cuenta de que cientos de otros padres, hermanos e hijos estaban también buscando a sus seres queridos. Después de días en los que los cuerpos no aparecieron, quedó en claro que 255 eran ahora rehenes del grupo terrorista Hamas. Pronto las familias se organizaron en un intento desesperado por salvar a sus seres queridos. Yo tuve el privilegio de ver desde el inicio el establecimiento y la evolución del Fórum gracias a mi trabajo para la comunidad judía de Nueva York. Ésta es su historia.

Las familias nunca estuvieron solas. Miles de voluntarios comenzaron a reunirse casi de inmediato. Una empresa de alta tecnología prestó entonces un nuevísimo edificio, aplazando su mudanza, que se convertiría en el Fórum de las Familias de los Rehenes y los Desaparecidos. Durante dos años, el Fórum organizó uno de los movimientos internacionales más importantes de las últimas décadas. En las capitales del mundo, desde Sydney hasta Los Ángeles, pasando por París y Roma, se organizaron manifestaciones, se pegaron carteles, comenzó una lucha que no terminaría hasta que el último rehén, Ran Gvili, regresara hace unas semanas a casa, en un ataúd.

En Israel, la plaza afuera del Museo de Tel Aviv se convirtió en la Plaza de los Rehenes y cada sábado, sin excepción, las familias se reunieron: primero en comunidad y luego en protesta para exigir que el gobierno firmara un acuerdo de cese al fuego. Para todos los voluntarios había algo que hacer. Los más comprometidos dejaron sus trabajos y se convirtieron en directores, recaudadores de fondos, diseñadores gráficos, trabajadores sociales, voceros y traductores del Fórum, varios de ellos sin recibir sueldo. En el sótano del edificio, durante más de dos años, un grupo de abuelas y mamás se turnó día tras día para cocinar y servir comida a las familias y a los cientos de visitantes. Los grupos religiosos organizaron en la Plaza de los Rehenes, viernes tras viernes, una cena de Shabat, con las sillas vacías de quienes no habían regresado. Una de las compañías más grandes de plásticos en el país produjo gratis miles y miles de estas sillas amarillas, que aparecieron hasta en los rincones más recónditos del país.

La lucha fue global. Para los judíos del mundo y para millones de personas, esta se convirtió en su lucha, una lucha moral, existencial. El brazo diplomático del Fórum envió a cientos de miembros de las familias a hablar con quien quisiera escucharlos: presidentes, primeros ministros, la ONU, el Papa, celebridades y comunidades alrededor del mundo. En Doha, el Fórum tuvo un representante que expresó el sentir del pueblo ante los negociadores del cese al fuego.

El Fórum fue el compás moral de la sociedad israelí, profundamente hundida en la peor de sus guerras. A pesar de cierta oposición desde la derecha, y de su confrontación con el primer ministro, el Fórum logró cruzar la línea que separa los campos en Israel, obteniendo el apoyo de las masas. Millones de israelíes salieron a las calles a su llamado. Mucho se habla sobre el papel de Trump y de su yerno en las negociaciones, mucho se habla sobre la política. Pero fue la presión de las calles, el liderazgo del Fórum, lo que terminó casi por obligar a los políticos a ceder. La semana pasada, tras cumplir su misión, el Fórum cerró sus puertas. Omer regresó a casa, vivo, después de dos años de cautiverio.

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