APUNTES DE LA ALDEA GLOBAL

La Tricontinental, sesenta años después

Sesión plenaria durante la Conferencia de Bandung.
Sesión plenaria durante la Conferencia de Bandung. Foto: Creative Commons

Al concluir la II Guerra Mundial e iniciar la Guerra Fría, la descolonización de naciones africanas, asiáticas y del Medio Oriente se aceleró. El choque bipolar entre democracias occidentales y socialismos reales de la URSS y Europa del Este incentivó ese proceso, ya que Occidente, el bloque soviético, Yugoslavia y la naciente China comunista intentaron acompañarlo o controlarlo.

Un momento clave, que evidenció la búsqueda de un foro propio de las naciones africanas y asiáticas, fue la Conferencia de Bandung de 1955, que profundizó y amplió la convocatoria de una anterior, celebrada en 1949 en Nueva Delhi, poco después de la muerte de Mahatma Gandhi. El sucesor de éste, Jawaharlal Nehru, sería uno de los promotores del encuentro en la ciudad indonesia, junto con el líder de ese país, Sukarno.

A Nehru y Sukarno se sumaron otros líderes nacionalistas del naciente Tercer Mundo, como Gamal Abdel Nasser de Egipto, el presidente de Gana, Kwame Nkrumah, y dos importantes dirigentes del comunismo no plenamente alineado con la URSS: el primer ministro chino, Zhou Enlai, y el presidente de Yugoslavia, Josip Broz Tito.

La conferencia de Bandung se produjo poco después de la muerte Stalin y en medio de un proceso de revisión de la política doméstica e internacional de Moscú, conducido por Nikita Kruschev, pero aquel revisionismo no fue suficiente para superar las fricciones con Yugoslavia y China, sobre todo, después de la invasión soviética a Hungría en 1956, rechazada por el llamado “espíritu de Bandung”.

Cuando triunfa la Revolución cubana, en 1959, y su gobierno inicia una acelerada inscripción en el bloque soviético, las tensiones entre la URSS, por un lado, y otros socialismos como el chino, el yugoslavo y el albanés, estaban en pleno apogeo. El grupo prosoviético de la dirigencia cubana llamaba a priorizar los vínculos con Moscú, mientras otra corriente, en buena medida liderada por el Che Guevara, pero fuertemente respaldada desde la cancillería cubana, por Raúl Roa, buscó involucrar a Cuba en la descolonización tercermundista.

Guevara realizó una serie de giras por Asia, África y el Medio Oriente, a partir de 1963, que culminaron en un discurso en la Conferencia Afro-Asiática de Argel, en 1965, donde cuestionó la centralidad de Cuba en las redes soviéticas. La convocatoria a la Conferencia Tricontinental, que se celebró en La Habana en enero de 1966, cuando Guevara se encontraba oculto en la embajada de Cuba, en Dar es-Salam, Tanzania, luego del fracaso de la guerrilla del Congo, reflejó aquella apuesta tercermundista.

Si a la reunión de Bandung fueron delegaciones de unos 30 países, en la de La Habana estuvieron representadas más de 80 naciones. Las diferencias entre los dos eventos fueron notables, ya que en Bandung la mayoría de los movimientos descolonizadores no se decantaba por una orientación socialista. En otra conferencia en Belgrado, en 1961, a la que asistió el presidente cubano Osvaldo Dorticós, sí eran mayoría los socialistas, aunque no todos eran partidarios de la lucha armada, la opción defendida por Guevara en su mensaje al encuentro de La Habana.

El foro habanero fue decisivo para integrar a América Latina y el Caribe en las redes tercermundistas. Sin embargo, tanto la inscripción crítica —pero inscripción al fin— en el bloque soviético como la apuesta por las guerrillas, que inicialmente tuvieron los dos desprendimientos de aquella reunión, la OSPAAAL y la OLAS, alcanzaron poca perdurabilidad. Para los años 70, el Movimiento de los No Alineados había rebasado ambas iniciativas.

Si se hace difícil encontrar plena continuidad entre conferencias como las de Bandung, Belgrado y La Habana, más difícil se hace sostener que la Tricontinental marcó la ruta de todo el tercermundismo posterior y hasta del altermundismo del siglo XXI. Como recuerda Vanni Pettinà, no ha sido uno sino varios los tercermundismos.

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