No me gustan los eufemismos que hacen referencia a la muerte: deceso, defunción, expiración, óbito, fallecimiento... ¿Por qué no referir lo real?: morir es el fin de la vida. Evento invariable, que se produce por la interrupción de la homeostasis en un ser vivo por inhabilidad de operar energía que hace posible tener al organismo activo: las funciones vitales llegan a su término. Morimos por enfermedad, envejecimiento o siniestro natural. Pero, también la muerte puede ser provocada: homicidio, eutanasia, castigo judicial (pena de muerte). En El mito de Sísifo, Albert Camus escribe: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio”. ¿Vale la pena enfrentar la vida o sencillamente no tiene sentido? La inmolación voluntaria: abdicación para no afrontar los avatares de la presencia.
“Señor, da a cada quien su propia muerte”: Rainer Maria Rilke (El libro de la pobreza y de la muerte–Libro de horas). Quiero una muerte consiente, auténtica e íntima que brote de mi propia vida: derivación final de lo vivido. No deseo un final abrupto. Aspiro a una “pequeña muerte” (Rilke). Morir sin dolor, sin sufrimiento, sin suplicio: la muerte que vislumbro. Morir en música, mi mayor pretensión en un introspectivo recital de cámara con obras de Robert Schumann (1810-1856) y Johannes Brahms (1833-1897), dos compositores unidos por el amor a la misma mujer: la virtuosa pianista Clara Wieck.
Inicio mis ilusiones con Fantasiestücke y Kinderscenen, de Schumann; complementadas con Sonata No. 1 en mi menor, de Brahms. Piezas para piano y violonchelo del romanticismo alemán de admirable elegancia. Fantasiestücke, Op. 73 (no confundirla con Fantasiestücke, Op. 12, que Schumann compuso en 1837 para piano): tres movimientos de un “sueño” para piano y cello (o clarinete) de esmerado acabamiento: clústeres de un piano ensimismado; murmullos de un violonchelo de acuses ensoñados y pasión contenida.

El costo de Sergio el bailador
Programa íntimo que prosigue con Kinderscenen, Op. 15. “Escenas de la infancia”: 13 piezas para piano en las que destaca la muy conocida “Träumerei”. Traslación para piano y violonchelo glosada con delicada ejecución de pura prosapia romántica. Chelista en sutil demostración virtuosa; piano en conformes de meditada hondura melancólica. // Entro al tiempo de Brahms: Sonate für Klavier und Violoncello: Sonata no. 1 en mi menor, Op. 38: pieza de ánimo bachiano (Arte de la fuga). Allegro non tropo: violonchelo sobre acordes del piano. Descenso de la intensidad en búsqueda de una distensión de la propuesta lírica en tempo andante del teclado. Allegretto: ornamentación barroca. Stacatto. Magistral discernimiento de la mano derecha del pianista y sugerentes notas al unísono con el violonchelo. Allegro: Suerte de fuga. Espléndidos descensos melódicos-rítmicos. Tensiones que conducen a la pureza del estilo de la sonata. Virtuosa coda en impetuoso acople instrumental.
Encore para un deceso en música: “Vals 2”, de Jazz Suite No. 2, de Dmitri Shostakovich (1906-1975). Rebosada configuración instrumental: motivo melódico inicial de las cuerdas y metales desde acompasada copla que se reitera. Pizzicatos de los violines que subrayan el leit motiv. Prosodias Shotakovichianas que subrayan este anhelo mío de Morir en música.

Sonata No. 1 / Brahms
Artista: Luzerner Sinfonierorchester
Género: Instrumental
Disquera: BIS

