Hace Ángeles Eraña y Carlos Montemayor son dos de los filósofos mexicanos más destacados de su generación. Ambos son autores de un libro recién salido de la imprenta que lleva por título Anclándonos al mundo (la atención como umbral de la certeza), publicado por el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM y la editorial Bonilla y Artigas.
Estamos ante una obra de gran calado que abre nuevos espacios a la investigación en diversos campos. Se trata, sin duda, de una de las contribuciones más importantes de la filosofía mexicana de los últimos años.
Este libro se inscribe dentro de una nueva corriente de la filosofía, que pone la atención en el centro de la investigación filosófica. Esta tendencia va en contra de una concepción del conocimiento que lo define como creencia, verdadera y justificada, concepción que fue la estándar durante la mayor parte del siglo anterior. Uno de los problemas de esta doctrina es que se pierde fácilmente en discusiones sobre posibilidades y abstracciones y, por así decirlo, se desata del mundo. Una epistemología basada en el concepto de atención, por el contrario, permite volver a anclarnos al mundo y, además, a reconectar a la epistemología con cuestiones éticas relevantes. A diferencia de la creencia, que, por así decirlo, siempre está desapegada, como flotando, la atención es un acto mental y físico que nos permite entrar en contacto inmediato con la realidad, no sólo con las cosas del mundo, sino con los demás seres humanos. A todo lo largo de su libro, Eraña y Montemayor se rebelan en contra de la “tiranía de la creencia”.

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No es fácil resumir el libro de Eraña y Montemayor en unos cuantos párrafos. La obra es ambiciosa y cubre un terreno extenso. Tomando como eje a la atención, los autores se ocupan de problemas filosóficos tan diversos como los de la definición del conocimiento, la relación entre la normatividad epistémica y la normatividad ética, el problema del escepticismo, nuestro conocimiento de las otras mentes, la naturaleza de la persona y el meollo de la relación de los seres humanos con el mundo que los rodea. El recorrido es tan amplio que puede decirse que los autores ofrecen todo un sistema que aborda los problemas centrales de la filosofía, desde el punto de vista de la atención. Así como se ha hablado de un giro lingüístico en la filosofía, no es exagerado sostener que Eraña y Montemayor ofrecen en su libro otro giro de la filosofía basado en el concepto de atención. Vista de esta manera, su libro es una obra programática que tendrá que seguir desarrollándose no sólo por sus dos autores, sino por todo un equipo de investigadores que avancen por los caminos que ellos han trazado.
Son tantos los usos que le van danto al concepto de atención, a lo largo de su libro, que uno puede quedar con la impresión de que lo que ellos llaman “atención” es, en realidad, una red de nociones afines que cumplen distintos papeles en diversas áreas de la filosofía y de las ciencias naturales y sociales. Por ejemplo, las nociones de “prestar atención”, “anclaje”, “amarre”, “tomar posesión”, “enfoque”, “curiosidad”, “selección” “salirse de sí”, “cuidado” que ellos usan en diversos momentos parecen responder a operaciones diferentes. Los autores reconocen esta pluralidad, pero piensan que es posible englobar todas ellas bajo su definición de la atención como una “acción mental selectiva que nos ancla en lo concreto”. La atención, entendida de esta manera, es un concepto teórico que cumple con un rol flexible dentro del sistema filosófico ofrecido por los autores. Podría decirse que en esta breve definición se resume el sesgo más original y prometedor de la nueva filosofía de la atención que los autores brindan en su libro.
Este libro de Eraña y Montemayor es resultado de una admirable colaboración intelectual en la que ellos han logrado integrar muy bien sus investigaciones individuales anteriores. La bibliografía que manejan es impresionante: cientos de libros y artículos especializados de publicación reciente en idioma inglés. No obstante, es encomiable que no falten en ella obras de pensadores mexicanos como Zenia Yébenes o Luis Villoro. También es loable que dialoguen extensamente con otros autores latinoamericanos, como con la filósofa argentina Diana Pérez.

