No debemos acostumbrarnos a la violencia. Lo que los ciudadanos hemos venido haciendo es buscar la manera de entender que vivimos bajo ella aprendiendo a actuar en medio del caos.
No debe dejar de asombrarnos cómo en algunas escuelas les enseñan a los niños a actuar cuando hay una balacera. No es nada grato verlos escondidos debajo de sus bancas. Tampoco debemos dejar de sorprendernos por las formas en las que tenemos que actuar cuando los delincuentes despojan de camiones o autos a los ciudadanos para quemarlos.
Es una constante bajo la cual vivimos desde hace mucho tiempo, ante la cual cada vez hay más evidencias que sin que deje de sorprendernos hemos aprendido a actuar.

FIFA: confianza total en Sheinbaum
No puede ser de otra manera después de vivir tantos años en medio de la violencia. Los gobernantes se la pasan trompicándose con el tema en medio de una narrativa que en la mayoría de las ocasiones resulta poco creíble.
Lo del domingo, sin duda, fue un hecho con tintes excepcionales. Guadalajara había vivido un escenario similar en 2015 a través del CJNG, el cual reaccionó violentamente ante la posibilidad que detuvieran precisamente a El Mencho. Fue una jornada brutal para la ciudadanía, por cierto, también en domingo.
Con todo lo que se ha dicho estos días, pareciera que poco o nada están contando los ciudadanos. Las casi nulas referencias sobre lo que padeció la población, tanto en pequeñas como en grandes ciudades, crean un vacío entre los primeros afectados.
Si a alguien le afectó la violencia y los efectos de ella fue a la ciudadanía, sin pasar por alto las lamentables bajas de integrantes del Ejército y la Guardia Nacional. No puede pasar por alto lo que está ocurriendo en la sociedad y particularmente con las niñas y los niños. No es normal, insistimos, lo que estamos viviendo.
No puede ser normal, porque se cierran escuelas, a la vista de todos los ciudadanos se toman comercios, camiones y automóviles, se agrede a la gente y se le amenaza, y como colofón, se utilizan las redes como campo de batalla para atemorizar aún más a los ciudadanos.
Madres y padres de familia y maestros tienen una compleja tarea sobre cómo explicarles a las niñas y niños lo que está pasando. No hay manera de evadir el tema, porque está entre ellos y porque es parte de su conversación en casa y con sus amigos. En estos días no se ha hablado de otra cosa, y por más que la operación en contra de El Mencho haya sido efectiva no se puede perder de vista que se está muy lejos de resolver el problema.
Lo que más le debe importar al gobierno, diríamos al Estado, es la defensa de la ciudadanía y darle tranquilidad. Es evidente que se corren riesgos al tomar decisiones como la del domingo, pero también quisiéramos pensar que tenían claro las secuelas que traería, las cuales sería ingenuo pensar que se van a terminar estos días.
Bajo la lógica de movimiento de los cárteles lo que viene ahora es que tengan un consenso para ver quién dirigirá la organización. Nos decía Óscar Balderas que mucho de lo que pasó el domingo tiene que ver con cómo los líderes en las diferentes plazas trataron de mostrar músculo para buscar perfilarse para encabezar el cártel.
Como fuere, lo que pasó sacudió a todo el país, independientemente de que se hayan visto afectados o no los ciudadanos. La respuesta ante esto fue que de alguna manera todos buscáramos resguardarnos en nuestras casas.
Tenemos que entrar en un proceso explicativo para las niñas y los niños, y debemos tener un diagnóstico preciso de dónde están nuestros jóvenes. Consignemos de nuevo que han desertado en los últimos años poco más de 500 mil estudiantes.
Lo que más importa es la protección y defensa ciudadana, lo cual no fue necesariamente lo que pasó el domingo.
RESQUICIOS.
Visto desde fuera no podemos soslayar la genuina preocupación de varias federaciones del futbol internacional por la seguridad en el país. La narrativa interna asegura que estamos en paz; la terca realidad y las secuelas plantean otra cosa.

