Un sistema público de salud deficiente obliga a quienes pueden pagar a contratar pólizas de gastos médicos privados para garantizar atención oportuna, medicamentos y especialistas.
Este año, esas pólizas aumentaron casi 30 por ciento por dos razones principales. El Gobierno comenzó a cobrar un IVA a las aseguradoras que antes no se aplicaba, y ese costo fue trasladado directamente a los clientes.
Y ante la mala calidad del servicio público, las compañías saben que tienen una clientela cautiva: muchas personas no pueden regresar al sistema estatal y dependen del seguro privado, lo que les permite imponer incrementos elevados sin perder asegurados.

Monreal ya no quiere líos
Esta semana, para poder entender por qué se ha dado este aumento desmedido en las pólizas de seguros médicos en México, platicamos para La Razón con el analista financiero José Yuste.
Bibiana Belsasso (BB): ¿Por qué están subiendo de esta forma excesiva las pólizas de seguros médicos?
José Yuste (JY): Lo que estamos viendo este enero de 2026 es una “cuesta” que nadie anticipó. Uno hubiera esperado un aumento cercano a la inflación, quizá del cuatro o cinco por ciento. Pero lo que llegó fueron incrementos de entre 20 y 35 por ciento en las primas de gastos médicos mayores. Es un aumento elevadísimo y tiene que ver principalmente con un cambio fiscal: ahora las aseguradoras deben pagar el IVA que antes podían acreditar.
BB: ¿Por qué antes no pagaban IVA y ahora sí?
JY: Durante años, las compañías de seguros podían acreditar el IVA, es decir, no lo pagaban directamente. Era una forma de incentivar la contratación de seguros, algo que también sucede en algunos países. Sin embargo, el SAT hizo una nueva interpretación y determinó que sí debían pagarlo.
El problema es que el monto acumulado era tan alto que podía poner en riesgo a las aseguradoras, así que se acordó empezar a cobrarlo de manera formal a partir de 2026. Estamos hablando de un 16 por ciento.
BB: Pero si el IVA es de 16 por ciento, ¿por qué vemos aumentos cercanos al 30 por ciento?
JY: Ahí está el tema. Las aseguradoras ya venían incrementando sus primas alrededor de un 15 por ciento cada año, aunque la inflación general ronda el cuatro por ciento. Ahora, a ese aumento tradicional se suma el 16 por ciento del IVA. Así se llega fácilmente a incrementos de 30 o hasta 35 por ciento. El problema es que no hay salarios que crezcan a ese ritmo, sobre todo en una economía que está prácticamente estancada.
BB: Ellos argumentan que existe una “inflación médica”, y en eso se basan los aumentos. ¿Es cierto?
JY: Sí, existe. Cuando un paciente llega a un hospital y menciona que tiene seguro, los costos pueden elevarse. Se encarecen procedimientos, insumos y hospitalización. Hay prácticas donde se cobran materiales o servicios que no siempre son estrictamente necesarios. Eso genera una inflación médica real. Pero aun considerando ese factor, los incrementos de este año son excesivos.
BB: Y es que además el precio de las pólizas sube desproporcionadamente conforme aumenta la edad.
JY: Exactamente. Si tienes 20 años y pasas a 21, el incremento no es tan significativo.
Pero si tienes 70 y cumples 71, la prima puede aumentar cerca de 30 por ciento en sólo un año. A partir de los 60 años, el crecimiento deja de ser gradual y prácticamente se multiplica. Para muchas personas mayores, el seguro se vuelve impagable.
BB: Esto ocurre en un país donde el sistema público de salud no es una alternativa sólida.
JY: Ése es el fondo del problema. La calidad del servicio en el IMSS, el ISSSTE o el IMSS-Bienestar es deficiente. Hay largos tiempos de espera, escasez de medicamentos y problemas de atención. El enfoque ha sido ampliar cobertura, pero no necesariamente mejorar calidad. Ante esa realidad, muchas personas prefieren acudir al sector privado, incluso a consultorios de farmacia. Eso ha provocado una privatización de facto de los servicios médicos. Y si dependes del sector privado, necesitas un seguro, aunque sea caro.
BB: ¿Te sorprendió la magnitud del incremento?
JY: Sí, porque el IVA explica una parte, pero no todo. El 16 por ciento pudo haberse absorbido parcialmente por las aseguradoras. En cambio, se trasladó prácticamente completo al consumidor y se sumó al aumento tradicional. En una economía que crece menos del uno por ciento, un incremento de 30 por ciento en un servicio esencial se siente muchísimo.
BB: ¿No hay una ley que proteja al usuario?
JY: Existen organismos reguladores, como la Comisión Nacional de Seguros y Fianzas, pero no vemos una política pública integral que revise a fondo la estructura de costos y la competencia en el sector. La penetración del seguro privado es baja, menor al ocho por ciento de la población. Sin embargo, hay poca competencia real y los precios siguen siendo altos.
BB: ¿Cómo estamos frente a otros países?
JY: En Europa también suben las primas, pero no en esta magnitud. Además, allá existe un sistema público fuerte que funciona como sustituto real del seguro privado. En México no hay ese sustituto. Las aseguradoras saben que, ante la mala calidad del servicio público, tienen una clientela cautiva.
BB: Y las empresas aseguradoras tampoco reconocen la lealtad del cliente.
JY: Ése es otro punto delicado. Puedes pagar durante 20 años sin usar tu póliza y, cuando finalmente la necesitas, no recibes ningún beneficio por tu historial. No hay descuentos por buen comportamiento ni reconocimiento a la lealtad.
BB: El Gobierno argumenta que estos impuestos ayudan a recaudar recursos. Pero no siempre se traduce en mejores servicios.
JY: Lo vimos con los impuestos a refrescos y bebidas azucaradas. Son claramente recaudatorios. No se crearon los bebederos prometidos ni un fondo de salud visible. En el caso del IVA a seguros médicos, sucede algo similar: se incrementa la recaudación, pero no vemos que esos recursos se traduzcan en un sistema público de salud más eficiente.
BB: ¿Podría existir una ley que tope los aumentos en las pólizas de seguros médicos?
JY: Se podría, pero poner topes de precios puede generar efectos negativos, como desincentivar la inversión o deteriorar el servicio. Más que controlar precios, lo que se necesita es fomentar competencia, transparentar costos, revisar la inflación médica y, sobre todo, mejorar el sistema público para que exista una alternativa real.
BB: Estamos ante un problema muy complicado. Mucha gente no va a poder sostener su seguro médico.
JY: Así es. Se necesita una política pública integral: fortalecer el servicio médico público, revisar la estructura de las aseguradoras, generar competencia y evaluar cómo se traslada el IVA al consumidor.
Mientras no exista un sistema público de calidad, las personas que puedan pagar seguirán contratando seguros privados, y las compañías tendrán margen para imponer incrementos elevados.

