Habían más formas de nombrar a la columna de hoy, pero más allá de hablar de la “narcoestética” o la aspiración que provoca ver una cabaña de lujo en medio de la montaña en un pueblito llamado Tapalpa.
El C.O. o el llamado “narco” ha evolucionado en su manera de vestir y de ser parte de la sociedad. Se ha convertido en un fenómeno cultural que mezcla violencia desmedida hacia un estilo de vida aspiracional por la adrenalina y rebeldía con al que viven que los ha llevado a ser poderosos e intocables.
Como bien saben soy de Monterrey, pero crecí en mi infancia en Guadalajara, la convivencia con ellos era algo cotidiano, sabías que los hombres que vestían camisas Versace, con los jeans de la misma marca, botines y cadenas de oro no eran de fiar, pero no huías de los lugares donde aparecían.

Monreal ya no quiere líos
En la escuela había uno que otro hijo que suponíamos que sus padres a algo de “eso” se dedicaban por las camionetas o por los autos de lujo, en el trato no había diferencia, no había (al menos los que yo conocí) altanería ni presunción.

Antes eran ellos contra ellos y sus negocios. Ahora son ellos y los civiles de por medio. Como todos los casi 700 autos quemados en Jalisco, las unidades de transporte quemadas, las tiendas y todo lo que hicieron, como el reclutamiento de niños y jóvenes que desde hace años comenzaron como halcones y hoy son casi líderes de células.
En un país con más de 44 millones de personas en situación de pobreza, o que no les alcanza cobertura en materia de salud y acceso a la educación, trabajos que prometen ayudar a la familia, ganar un sueldo que te acerca a los supuestos lujos y sin tener que estudiar, es una gran oferta.
Al “ Mencho” el narco más buscado lo encontraron, como ya saben, en el Tapalpa Country Club en un pueblito sumamente lindo, lleno de cabañas y que todos los que hemos vivido o quien es de Guadalajara ha pasado fines de semana acampando o en estas estancias.

Nemesio Oseguera estaba en una gran zona, en donde seguramente estaban hospedados familias “bien” de Guadalajara y ni enterados estaban quién estaba hospedado en la 39.
La publicación del interior de las cabañas, aunque fueran con desorden, se convierte en una narcoestética, la que mezcla la elegancia, lo ostentoso con el exceso de cosas materiales.
El estar “abastecido” de todo. Comida, ropa, zapatos y la mesa para varios invitados, distintas salas, bicicleta estática, hieleras, mesa de billar, cuatrimoto, y todo en una cabaña con acabados de lujo y una vista exclusiva al bosque. Aunque fuera con la ropa más sencilla, ¿quién no quisiera tener una cocina de ese tamaño y llena de comida?
El reproducir estas imágenes acerca a las nuevas generaciones de creerse más astutos para que no los atrapen, o como los personajes que pueden ver de narcoseries en la televisión, a tener una vida así.; y por supuesto la aspiración a ascender de estatus social.

“El narco se convirtió en “otra forma de vida donde todavía es posible ascender en la escala económica y social, sin tener que pasar necesariamente por los circuitos tradicionales de las actividades legales, por la escuela o la política, aunque tampoco fuera de ellos completamente.” Lo dijo Luis Alejandro Astorga en su libro Mitología del narcotraficante.
A veces publicar este tipo de fotos debería de ser mejor evaluado por los editores y directores editoriales. ¿Comprobar que lo arrestaron? ¿Generar venganza social?¿Comprobar que la operación fue real?
Claro que es válido periodísticamente mostrar lo que sucedió, cómo, cuándo, dónde, y quiénes, y mucho más en la detención de un capo come “El Mencho”.
Pero también saber lo que implica mostrar el lujo, y entender que lo que viene son la formación de nuevas células. En fin, eso es otro tema.
Pero las fotografías publicadas, no es que hagan al personaje “real” incluso con el pequeño altar con distintos santos católicos.
¿Cuántos jóvenes usted cree que al ver el interior de estas cabañas no haya dicho “Yo quiero ser narco”?
Difícil.

