Después de muchos forcejeos, por fin, la reforma electoral llegó a San Lázaro, la cual será la cámara de origen.
A diferencia de otras reformas, la electoral camina por los terrenos de la incertidumbre. El Gobierno no se pudo poner de acuerdo con sus aliados, no ha habido manera de llegar a acuerdos, particularmente con el PT.
La crítica de los petistas a la reforma, independientemente de que podrían quedarse sin una parte del pastel, es para considerarse. Dice el coordinador en la Cámara de Diputados del PT, Rigoberto Sandoval, que la reforma lleva al partido único y que no hay motivos para presentarla, tomando en cuenta que se tiene el control del Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.
A la Presidenta no le gustó lo del partido único, pero no presentó evidencias de que el proyecto sea diferente de lo que planteó el legislador petista. Es un señalamiento profundamente serio, porque lo que hay de fondo es regresar a tiempos en que el país tenía un partido que dominaba todos los ámbitos. Lo paradójico es que fue ese mismo partido el que fue abriendo paso a paso ventanas para una democratización partidista. Fue un acto de sobrevivencia, pero también un entendimiento de nuevas generaciones de la importancia del cambio.
En el Verde no se ponen de acuerdo. Algunos de sus legisladores son originalmente de Morena, pero están, para decirlo de manera doméstica, prestados al veleidoso Verde. Algo que podría suceder, sería que estos legisladores votaran en favor de la reforma electoral e integrarse al partido oficial.
Manuel Velasco asegura que en el partido están de acuerdo en el 90 o 95% de la reforma. Sin embargo, la presidenta del partido, vaya usted a saber por qué razones, aseguró que no era cierto que no hubiera un acuerdo interno y que lo dicho por el singular legislador, el cual quería ser al mismo tiempo gobernador y legislador, no se había discutido.
La reforma electoral ya está en Diputados en medio de trompicones y de claros desacuerdos. Presentarla fue uno de los 100 compromisos de la Presidenta, el cual no pasó por una consulta popular, como sí lo hicieron en el caso del Poder Judicial. Van apareciendo signos del porqué el interés del Gobierno y Morena de presentarla, a pesar de que muchos en el partido no están de acuerdo, pero que seguramente acabarán aprobándola. La Presidenta podría estar buscando la manera en hacer a un lado a sus aliados, y para ello la reforma le puede ser sumamente útil.
La Presidenta dice que tiene un Plan B ante la eventualidad de que la reforma no sea aprobada. Por ahora no se ve cómo puede alcanzar los votos en el Congreso, por más que morenistas vestidos de verde la voten.
El Plan B podría estar en plantear reformas legales que no requieran cambios constitucionales. El problema es que ello podría terminar en un auténtico champurrado legal, podría salir más caro el caldo que las albóndigas.
Esto servirá para de nuevo señalar a quienes no están de acuerdo con la reforma y exponer a quienes piensan diferente. Los aliados tendrán sus razones, algunas de ellas porque les afectarían sus beneficios, pero en algunos casos, los mismos aliados, la oposición y una buena cantidad de analistas y especialistas, han presentado elementos razonables y atendibles.
Vienen días de incertidumbre y presión, los cuales podrían alcanzar a la oposición. Si ya lo hicieron antes no vemos por qué no lo vuelvan a hacer, y más en un proyecto como éste. Más de algún legislador de la alianza y la oposición tiene cola que le pisen.
No vaya a ser que si la aprueban como fuera, o introducir cambios reglamentarios, termine por dejar más caro el caldo que las albóndigas.
RESQUICIOS.
Pedro Sánchez se le plantó a Trump. Sus aliados en el Gobierno simpatizan con Irán, pero no es sólo eso, está en contra de la guerra, lo cual ya le trae repercusiones. A ver si alguien se solidariza en el oficialismo mexicano con España, no vaya a ser que sigan con aquello del perdón.