Se apruebe o no la reforma electoral, la carrera rumbo al 2027 está echada a andar. El problema que se vendrá será la instrumentación de los cambios en lo que llaman el Plan B ante la virtual negativa de aprobar la reforma.
Sea una cosa u otra no parece preocuparle en términos electorales al Gobierno. Sigue teniendo una alta aprobación y muy probablemente en estados en donde los gobernadores han sido un fiasco, los candidatos del oficialismo podrían de nuevo llevarse la victoria.
Lo vimos en el 2024 en estados como Veracruz, en donde la gestión de Cuitláhuac García fue severamente criticada. Al electorado poco le importó y de nuevo votó por una candidata de Morena, la cual, por cierto, vive bajo la crítica cotidiana de los veracruzanos.

La certeza de la ignorancia
Supondríamos que los electores debieran castigar a Morena en Sinaloa. Sin embargo, todo indica que ponga a quien ponga el partido oficial se llevará las elecciones del año que entra.
El partido en el poder tiene todos los instrumentos a la mano para ejercer el poder y los utiliza a diestra y siniestra. Puede volver a ganar el Congreso, porque la corriente de opinión favorable a Morena se mantiene, y porque es evidente que no tiene a nadie enfrente. En el ejercicio del poder ha entendido cómo debe actuar sin importarle, en muchas ocasiones, la forma en que lo hace.
De lo que se trata es de conservar el poder, aunque detrás de ello haya mecanismos cuestionables que tanto criticó como oposición como la corrupción, la opacidad, una ausencia de rendición de cuentas, un desprecio por las opiniones críticas y, en general, con todo lo que tenga que ver con la oposición.
El fin de semana pasado en Morena empezaron a abrir las puertas para el 2027. Se llenaron de buenos deseos y de prometer que no habrá actos adelantados de campaña, lo cierto es que varios y varias ya están en ello.
Buena parte de lo que han venido haciendo y les ha dado resultado se debe a su trabajo en territorio. Después de las elecciones del 2024 el partido realizó una especie de gira de agradecimiento. Claudia Sheinbaum, en su carácter de Presidenta electa y de la mano de López Obrador, se dedicó a recorrer el país, lo que terminó por ser también un trabajo de presente-futuro. Agradecieron y, al mismo tiempo, llenaron de promesas que con la victoria en la mano fueron recibidas como si fueran realidades.
Muchas y muchos morenistas recorrieron el país lo que fue altamente productivo, porque así no perdieron contacto con los electores. Morena se la ha pasado trabajando en territorio, aunque muchas de las cosas que hace no son muy distintas de lo que el país ha vivido a lo largo de décadas.
Con la escuela del PRI a sus espaldas, recorrieron y recorren el país pensando en el siguiente proceso electoral, bajo esa dinámica viven. El tricolor nunca dejaba de recorrer el país, lo que le colocaba todo el tiempo en el imaginario colectivo.
Le contábamos hace tiempo que, en un viaje por diferentes comunidades del país con el entrañable investigador de la comunicación Armand Mattelart, nos decía que le sorprendía que hasta en los más pequeños poblados había un anuncio de Coca-Cola y otro del PRI, ahora es uno de Coca-Cola y el otro, de Morena.
El Gobierno tiene en los programas sociales la llave de los electores. A diferencia de lo que hicieron los recientes gobiernos panistas y priistas, el partido oficial ha entendido que el dinero es la clave para mantenerse en el poder.
Con la reforma electoral o el Plan B, el Gobierno y su partido saben que tienen que recorrer el territorio, echar por delante los programas sociales y la lana. Así conservarán el poder, mientras la oposición siga abrumada por el tsunami.
RESQUICIOS.
A pesar de que el Gobierno asegura que se ha reducido la tasa de homicidios, la percepción ciudadana es otra. En la cotidianidad de buena parte del país, las cosas se ven diferentes, lo importante es que la estrategia en seguridad es diferente a la del pasado sexenio.

