GENTE COMO UNO

Historias engarzadas con las manos…

Hasta 2023, en México se contabilizaban entre 87 mil y 100 mil personas que utilizan la LSM (...). La comunidad sorda no es un grupo marginal, es una comunidad lingüística con identidad propia, que, sin palabras, merece ser vista y, de todas las maneras posibles, escuchada

Mónica Garza. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.
Mónica Garza. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: Imagen: La Razón de México

En México existen muchas formas de discriminación, pero hay una particularmente invisible.

No aparece en los debates públicos, no ocupa los titulares de la prensa, no provoca indignación masiva en redes sociales, básicamente no se habla de ella.

El hecho afecta a millones de personas todos los días, y me refiero al silencio involuntario desde el que no claudican en intentar comunicarse las personas sordas y con discapacidad auditiva.

El solo dato que arroja la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica 2023 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía debería ser suficiente: De las 8.8 millones de personas que viven con alguna discapacidad en México, 16.5 por ciento tienen dificultades para escuchar, aun usando un aparato auditivo.

En México alrededor de 2.3 millones de personas son completamente sordas, es decir, el 1.7 por ciento de nuestra población total o casi 2 de cada 100 mexicanos, son los que conforman esta comunidad prácticamente ignorada.

Personas sordas conmemoran el Día Mundial de la Lengua de Señas marchando frente al Ángel de la Independencia, en foto de archivo.
Personas sordas conmemoran el Día Mundial de la Lengua de Señas marchando frente al Ángel de la Independencia, en foto de archivo. ı Foto: Cuartoscuro

Desde 2005, la Lengua de Señas Mexicana fue reconocida oficialmente como lengua nacional en la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad.

La misma ley que obliga —en su artículo 29— a las instituciones de procuración e impartición de justicia, a contar con intérpretes de lengua de señas, pero en la práctica dicha garantía es extraordinaria y no normal.

Hasta 2023, en México se contabilizaban entre 87 mil y 100 mil personas que utilizan la Lengua de Señas Mexicana, que representa una de las comunidades más grandes del país.

Sin embargo, sólo había alrededor de 80 personas certificadas de forma oficial, lo que es más que insuficiente y desigual en cuanto a su presencia en instituciones públicas.

Esa realidad deja a miles de personas sin una posibilidad real de comunicarse en hospitales, ministerios públicos o juzgados. Están completamente vulnerables si la justicia ni siquiera puede escucharlos.

Conocemos el caso de Braulio Infante y Ulises Reyes, que en 2022 fueron agredidos por un policía en la estación San Lázaro del Metrobús en la Ciudad de México. Intentaron denunciar el abuso, pero no hubo intérpretes para tomar su declaración.

Y casos como ése se cuentan por cientos, entre personas sordas que la mayoría de las veces ni siquiera intentan denunciar, ¿para qué?…

La discriminación institucional para las personas sordas sucede desde la escuela, precisamente donde debería comenzar la inclusión.

Por eso no es de extrañar el bloqueo que hace unos días organizaron familiares de niños sordos en una avenida principal de la Ciudad de México, denunciando actos de discriminación contra los menores en la escuela Carlos A. Carrillo, donde acusan ser excluidos de actividades escolares, y el caso es uno entre muchos.

En 2021, se conoció el de Valeria, una niña sorda a la que le negaron el apoyo de un programa social, por estudiar en una escuela privada, lo que fue calificado por su defensor como una discriminación múltiple por edad, discapacidad y género.

Pero la exclusión no es sólo educativa o institucional, también se extiende a lo económico.

El Inegi y la Encuesta Nacional de Percepción de Discapacidad en Población Mexicana (2010) señala que sólo 25 por ciento de este grupo de población, percibe entre 1 y 2 salarios mínimos mensuales.

Además hay que considerar que la atención a personas con discapacidad auditiva representa un gasto extra en sus hogares de hasta un 40 por ciento.

Para muchas personas sordas conseguir empleo es todo un desafío, empezando porque en las entrevistas de solicitud nadie conoce la Lengua de Señas Mexicana, lo que genera entornos laborales donde la comunicación cotidiana es el obstáculo permanente.

Las personas sordas son casi invisibles, porque al no notarse a simple vista, pasan desapercibidas con todas sus necesidades, lo que constantemente les genera malentendidos y estigmatización.

En este contexto, los esfuerzos culturales que intentan visibilizar de otras formas a la comunidad sorda adquieren una importancia enorme.

Hace unos días tuve el privilegio de ser invitada a amadrinar una obra de teatro sobre esta comunidad: Manual básico de lengua de señas para romper corazones y vaya que tocó el mío.

Es una historia simple que dice mucho, hablada principalmente en Lengua de Señas Mexicana y que muestra la realidad dolorosa de una ignorancia casi contagiosa, de una sociedad que incomprensiblemente no se esfuerza en aprender a ver a las personas sordas.

La reflexión es profunda y la culpa también, por la enorme falta de integración como sociedad, a esa otra forma de comunicación necesaria, obligada, para romper ésa que pareciera una sentencia de aislamiento a una comunidad que también representa talentos, ideas, emociones, cultura.

La comunidad sorda no es un grupo marginal, es una comunidad lingüística con identidad propia, que, sin palabras, merece ser vista y, de todas las maneras posibles, escuchada.

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