QUEBRADERO

Cuba. Otro camino sin regreso

Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

Está claro que para Donald Trump con Cuba ya no hay camino de regreso. Tiene a la isla en la mira, es cuestión de tiempo para que tome acciones decisivas.

Por ahora camina por el terreno de las aproximaciones. Las presiones han sido suficientemente fuertes para que el Gobierno cubano haya empezado a tomar medidas económicas, como es la apertura al sector privado en empresas cubanas. Para Marco Rubio, personaje estratégico en este asunto, las medidas no son “suficientes”.

Dicho de otra manera, están esperando un siguiente paso y éste es el cambio en la presidencia del país. Miguel Díaz-Canel se va convirtiendo en una de las piezas sacrificables. Es una herencia directa del castrismo y es un personaje que, en algún sentido, representa el pasado de la revolución cubana, la cual hoy está definitivamente en entredicho.

Trump está estrangulando paulatinamente a Cuba. El embargo estadounidense ha venido adquiriendo una dimensión diferente de lo que se vivió en la isla en los 60. Como fuere, mucho dinero empezó a fluir hacia Cuba de los exiliados en Miami. De alguna manera, también muchos países del mundo llevaban a cabo un comercio regular con la isla con el gran apoyo de lo que fue la Unión Soviética, hasta que al final de los ochenta se vino la caída del muro de Berlín.

Cuba se tuvo que reinventar y logró paliar los muchos problemas que tenía. Más adelante, Barack Obama ofreció lo que hoy está haciendo el Gobierno cubano, abrir el mercado y aceptar la inversión privada. En un primer momento Raúl Castro aceptó la propuesta que resolvía parte del problema que tenía Cuba, porque podría entrar dinero fresco que podría resolver muchos de los problemas que en ese momento tenía la isla, por cierto, lejanos del gran problema que hoy tiene.

Cuando parecía que la propuesta de Obama podría instrumentarse, Fidel Castro Ruz, desde el retiro, echó para atrás cualquier posibilidad de que este proyecto pudiera llevarse a cabo. Lo hizo a través de un discurso duro y rudo en contra de su hermano.

Cuba y su entorno son muy distintos del proyecto de la revolución de los 50. Las cosas son diferentes, el mundo y el país han cambiado drásticamente y el proyecto de la revolución cubana, si bien durante algún tiempo abrigó esperanzas, al final, entre el embargo, el aislamiento obligado y el gobierno cubano, se crearon condiciones de autoritarismo, violación de los derechos humanos, ausencia de democracia y pluralidad y persecución de quienes pensaran diferente.

Uno de los problemas más serios que tiene Cuba es su propio gobierno. La visión acrítica sobre lo que pasa en la isla de gobiernos como el mexicano impidió abrir espacios en los que se crearan condiciones favorables para una participación democrática, sin necesidad de ningún tipo de intervención extranjera, la cual, por ningún motivo debe avalarse.

El silencio de López Obrador en las elecciones de Venezuela se convirtió en una de las piezas que llevaron a que el país no tuviera desde el extranjero actores de peso que pudieran convocar a la concordia. El silencio terminó por ser el apoyo a Maduro.

La soberbia con que se refiere Trump a Cuba es parte de la intimidación y la impunidad. No tiene derecho alguno a “tomar” la isla, la declaración es una forma de redefinir su intento por crear una nueva geopolítica. Ya actuó en Venezuela, ahora tiene en la mira a Cuba, y no hay día en que no le mande un mensaje a México.

El Gobierno cubano es uno de los componentes del problema. Urge el diálogo sin intimidaciones ni presiones al interior de la isla. México podrá coadyuvar en este lance, sería mejor que lo hiciera en lugar de hacer colectas que, de seguro, van a acabar en donde está una parte del problema, el gobierno.

RESQUICIOS.

En días se aprobará el Plan B, que no es otra cosa que una reforma electoral descafeinada. El debate lo armará la oposición, en el oficialismo ya aceptaron las reglas. Lo que no sabemos es si habrá “ni venganza ni perdón”.

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