Jürgen Habermas falleció a los 96 años el 14 de marzo de 2026. A partir de entonces se han escrito numerosos artículos sobre su enorme legado. Como se ha señalado, su filosofía puede verse como la filosofía de la posguerra alemana y, hasta cierto punto, de la posguerra europea. La muerte de Habermas marca también el fin simbólico de ese periodo de la historia.
Pocos días antes de la muerte del filósofo, la presidenta de la Comunidad Europea, Ursula von der Leyen, declaró, en un discurso muy comentado, que el sistema mundial basado en reglas, construido después de la Segunda Guerra Mundial, había terminado y que Europa tenía que adaptarse a la nueva realidad. El avance de los partidos de ultraderecha en Europa también muestra que la idea de la política que se instauró después de la guerra mundial está en retroceso.
¿Qué le dice la filosofía de Habermas a los europeos de hoy? Es evidente que no lo mismo que a los de hace medio siglo, los que vivieron la experiencia traumática de la Segunda Guerra Mundial, como fue el caso del propio Habermas. Sospecho que la mayoría de los jóvenes europeos ven las ideas de Habermas como algo del pasado. En parte, como incautas, pero, también como parciales e, incluso, como sesgadas.
Fuera de Europa las cosas siempre han sido muy distintas. Incluso quienes, como yo, seguimos defendiendo alguna versión de la democracia deliberativa, se nos dificulta aceptar la propuesta de Habermas así, sin más. Ha pasado mucha agua debajo del puente.
Habermas nunca fue ingenuo. Sabía que la construcción de un sistema político democrático no era una tarea fácil. Sin embargo, Habermas apostó por la razón humana o, para ser más específicos, por el tipo de razón humana cultivada por la filosofía europea a partir de la ilustración y que encontró en la obra de Emmanuel Kant su máxima expresión. Lo que pretendió Habermas fue bajar la razón kantiana, fundada en principios universales y, a priori, al suelo de la comunicación humana y, sobre todo, del diálogo racional. La salvación de Alemania de Europa pasaba por el éxito de ese proyecto ilustrado: que las personas pudieran ponerse de acuerdo por medio de ese diálogo fundado en razones sólidas y virtuosas aceptadas por todos por igual.
En México se ha estudiado la obra de Habermas, aunque no estoy seguro de que las ideas del filósofo alemán hayan tenido mucho impacto por fuera de las aulas. Los ideólogos de la alternancia mexicana del siglo anterior fueron otros, por ejemplo, Norberto Bobbio o, incluso, John Rawls. Por lo mismo, me sorprendió gratamente que la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM realizara un homenaje a Habermas el 19 de marzo pasado. Un evento así hubiera sido impensable en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.