BAJO SOSPECHA

El vacío que dejó el CISEN

Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón.<br>
Bibiana Belsasso. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón. Foto: La Razón de México

El Centro de Investigación y Seguridad Nacional, el Cisen, fue durante años un instituto para trabajar en investigación y temas de inteligencia en México.

Se creó en 1989 y durante décadas generó información estratégica de inteligencia.

Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador, de un día para otro lo desaparecieron.

Un grupo de expertos en seguridad nacional y exdirectores del Cisen hicieron el libro La seguridad nacional en México: reflexiones y propuestas desde la experiencia, presentado en el Centro de Estudios sobre Seguridad y Gobernanza del ITAM. Ahí se reunieron cinco exdirectores del Cisen: Jorge Carrillo Olea, Jorge Tello Peón, Guillermo Valdés, Eduardo Medina Mora y Alejandro Alegre.

Durante el conversatorio en el ITAM, el Gral. Jorge Carrillo Olea, director fundador del Cisen, aseguró que el conocimiento acumulado en materia de seguridad nacional no puede desecharse, sino que debe servir como ruta hacia el futuro frente a las nuevas amenazas que enfrenta México. Es, en sus palabras, una base para entender lo que viene, no para repetir errores.

Coincidieron en algo fundamental: México vive momentos críticos, tanto en lo interno como en lo externo, y la seguridad nacional no puede tratarse de manera improvisada. La paz social, dijeron, no puede depender de decisiones aisladas ni de ocurrencias políticas.

Uno de los puntos centrales del libro es la confusión que, dicen, existe entre seguridad pública y seguridad nacional. Durante años, el Estado ha trasladado responsabilidades civiles a las Fuerzas Armadas. Cuando la Constitución es clara: la seguridad pública corresponde a autoridades civiles. El Ejército puede apoyar, pero no sustituir. Perseguir el delito, aseguran, no es una tarea militar, es una tarea del Estado de derecho: ministerios públicos que investiguen, policías que operen, jueces que sancionen. Pero eso no está ocurriendo.

Otro de los temas que se abordaron es el crecimiento del crimen organizado como el mayor riesgo para el país. Un fenómeno que no sólo no se ha contenido, sino que evoluciona, se adapta y se fortalece, incluso con el uso de nuevas tecnologías y redes financieras internacionales.

También se puso como tema destacado la relación con Estados Unidos. Hoy, más que nunca, la seguridad nacional mexicana está ligada a esa relación, en un contexto de tensiones y presiones que obligan a replantear la estrategia.

Durante la presentación del libro La seguridad nacional en México: reflexiones y propuestas desde la experiencia, Guillermo Valdés dio su diagnóstico: en México no sólo no hay una política de seguridad nacional, ni siquiera hay discusión sobre ella.

Valdés advirtió que el problema no es exclusivo del Gobierno. Es también del Congreso, de los medios y de la sociedad, que han minimizado un tema que es fundamental para la viabilidad del país.

NUEVAS AMENAZAS

Elementos del Ejército en Baja California, el pasado 25 de marzo.
Elementos del Ejército en Baja California, el pasado 25 de marzo. ı Foto: Cuartoscuro

La seguridad nacional, dijo, ha sido reducida erróneamente a espionaje o a tareas operativas, cuando en realidad se trata de algo mucho más profundo: preservar al Estado, sus instituciones, su territorio y su población.

Porque sin inteligencia no hay estrategia. Y sin estrategia, el país reacciona tarde ante amenazas que ya están aquí: el crimen organizado, la presión internacional, la migración, el cambio climático o incluso la posibilidad de un gobierno estadounidense hostil hacia México.

Alejandro Alegre comentó que el Centro Nacional de Inteligencia, el ahora CNI, sí tiene capacidades, tiene personal preparado, tiene experiencia. El problema no es técnico, es político. Hoy, dijo, la inteligencia del Estado está enfocada en la seguridad pública, cuando debería estar concentrada en la seguridad nacional.

Mientras la seguridad pública atiende lo inmediato, la seguridad nacional exige anticiparse a los riesgos que pueden comprometer la viabilidad del país. Y eso hoy no está ocurriendo.

Uno de los puntos más contundentes en la presentación del libro La seguridad nacional en México: reflexiones y propuestas desde la experiencia fue el diagnóstico compartido por Jorge Tello Peón y Eduardo Medina Mora, sobre la ausencia de una verdadera visión estratégica en nuestro país.

Tello Peón fue especialmente crítico al señalar que México ha caído en una lógica reactiva. Se responde al hecho del día, al homicidio, al escándalo, a la crisis inmediata, pero no se está construyendo una estrategia que permita anticipar amenazas de fondo. El país no está pensando en términos de largo plazo. No hay una agenda clara de riesgos ni una discusión seria sobre cuáles son las amenazas que pueden comprometer la estabilidad del Estado. En lugar de eso, se administra la crisis todos los días.

Tello Peón también advirtió que la seguridad nacional no puede seguir viéndose como un tema exclusivo del Gobierno federal. Es una responsabilidad compartida que debe involucrar a estados, municipios y a la sociedad. Sin esa corresponsabilidad, no hay exigencia ni presión para construir una política de Estado.

Por su parte, Eduardo Medina Mora subrayó la importancia de recuperar una distinción que hoy se ha perdido: seguridad pública no es lo mismo que seguridad nacional.

La seguridad pública atiende el orden cotidiano; la seguridad nacional protege la viabilidad del Estado, sus instituciones y su capacidad de garantizar derechos. Confundirlas ha llevado a decisiones equivocadas y a una estrategia incompleta. Ambos coincidieron en algo central: sin inteligencia, sin visión estratégica y sin instituciones sólidas, el país seguirá reaccionando, pero no resolviendo.

Y en seguridad nacional, cuando se reacciona, siempre se llega tarde: hay que anticiparse.

El cierre del conversatorio lo dejó claro Natalia Saltalamacchia, jefa del Departamento Académico de Estudios Internacionales del ITAM: el problema no es menor, es estructural.

La confusión entre seguridad pública y seguridad nacional ha llevado a decisiones equivocadas. Y lo explicó con una analogía contundente: soldado y policía no son lo mismo. Sus funciones, entrenamiento y objetivos son distintos. Pretender que uno sustituya al otro es como poner a pilotear un avión a quien sabe navegar un barco.

Al involucrar a las Fuerzas Armadas en tareas que no les corresponden, no sólo se desdibuja su función, también se les expone, se deteriora su relación con la sociedad y se debilita la confianza institucional.

Durante los seis años de López Obrador se dejaron de lado las áreas de inteligencia.

Hoy, con la llegada de Claudia Sheinbaum, la estrategia de seguridad ha retomado fuerza, hay mayor presencia institucional y una intención más clara de recuperar el control. Pero no es suficiente. Los expertos que hacen este libro aseguran que hace falta reconstruir lo que se abandonó: la inteligencia. La capacidad de anticiparse, de entender los riesgos, de prevenir antes de reaccionar. Me tomaré unos días de descanso, pero nos reencontramos en estas páginas el próximo viernes 10 de abril. Gracias por acompañarme siempre.

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