VIÑETAS LATINOAMERICANAS

La Guerra Fría como farsa

Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Rafael Rojas. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

Volvamos otra vez a la conocida frase de Hegel que Marx expropió al inicio de El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852) para constatar que la deseada nueva Guerra Fría de la izquierda latinoamericana no ha tenido lugar sino como farsa. Con la autorización a que buques rusos desembarquen en La Habana, por parte de Estados Unidos, las dos grandes potencias hacen explícito su entendimiento para que Washington mantenga el control de la isla.

Desde los primeros días de enero de 2026 se ha esperado que alguna de las varias potencias rivales de Estados Unidos (Rusia, China, Irán o Corea del Norte) se rebele contra el renovado dominio que, en la práctica, Estados Unidos está ejerciendo sobre el Gran Caribe. Venezuela y Cuba son piezas clave de ese dominio, pero no las únicas: tan sólo habría que pensar en Panamá, Haití, Puerto Rico o República Dominicana y sus nuevas agendas dentro del Caricom.

Pero la rebelión de las potencias grandes o medias, México incluido, no ha tenido lugar. El gobierno de Delcy Rodríguez traspasó el control de los hidrocarburos venezolanos a Estados Unidos. Una cesión de soberanía como nunca antes se había producido en ese país caribeño desde los tiempos del nacionalismo petrolero posterior al Pacto de Punto Fijo de 1958, impulsado por Rómulo Betancourt y Rafael Caldera, que puso fin a la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

Cuba también se encuentra bajo dominio de Estados Unidos, aunque sus dirigentes y sus aliados internacionales afirmen lo contrario. Nadie, hasta ahora, ha violado la orden ejecutiva del 29 de enero de 2026, que pone a la isla bajo una cuarentena energética de Estados Unidos. El buque ruso Anatoly Kolodyn, con más de 730 mil barriles de combustible llegó a Matanzas, autorizado por el gobierno de Trump.

La acción, que permitía abastecer parcialmente al país por cuatro días —Cuba necesita 140 mil diarios para funcionar— se suma a otros esfuerzos de la administración Trump de extender suministros petroleros, sobre todo de crudo venezolano, a través de entidades privadas. De manera que Estados Unidos raciona y a la vez abastece de combustible a Cuba, con el propósito de obligar a sus dirigentes a pactar.

El historiador Alejandro de la Fuente, profesor de la Universidad de Harvard, en una conversación reciente con el diario El País, asegura que la ineptitud y la intolerancia han llevado a la dirigencia cubana a este punto de humillación. En estos momentos, ya Cuba no es un país soberano sino una colonia dependiente y empobrecida de Estados Unidos.

Washington autoriza el suministro de petróleo ruso, no como un acto de magnanimidad sino para evitar una catástrofe humanitaria frente a sus costas. La única salida es una negociación que abra la economía cubana y libere a la sociedad de la isla, con el propósito de hacerla menos dependiente de Estados Unidos y sus rivales. La farsa de la Guerra Fría debería llegar a su fin para que Cuba, por primera vez en siete décadas, pueda autogobernarse.

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Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón