En los últimos días pareciera que la Presidenta ha hecho afirmaciones sin tener toda la información sobre a lo que se refiere.
Quizá no trascienda de manera significativa entre sus millones de seguidores, pero afecta la gobernabilidad. Si la Presidenta no tiene toda la información, quienes le rodean son los que deben de encargarse de que por ningún motivo quede expuesta.
López Obrador decía que el presidente estaba informado de todo lo que pasaba en el país. Llegó a decir que si había hechos de corrupción el mandatario era cómplice o algo parecido. Al paso del tiempo su referencia se le ha revertido, muchos hechos que hoy están identificados como actos de corrupción tuvieron que ser de su conocimiento.
Por la forma en que López Obrador gobernó queda la impresión de que escuchaba poco a quienes lo rodeaban. En muchas ocasiones cambió el guion de lo preestablecido porque entre sus intuiciones y sus ocurrencias le daba un giro a las cosas. Parecía que su gabinete sólo servía más para administrar la gobernabilidad, pero no para el debate de ideas y el cómo gobernar.
La formación de López Obrador se dio bajo estos lineamientos. Quienes le rodeaban decían en voz baja que difícilmente escuchaba. Quienes renunciaron fue precisamente porque no se les escuchaba. Sus ideas pasaban de largo y al final se les obligaba a que hicieran lo que el presidente decía; la renuncia de Karla Quintana a la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas fue una de dichas manifestaciones.
La formación de la Presidenta es otra. Si bien también se la ha pasado en la lucha cotidiana partidista, el hecho de que tenga una formación académica le abre un espacio a entender la importancia de debatir las ideas y de escuchar todas las voces posibles.
Se habrá formado un criterio para discernir por dónde deben dirigirse las principales decisiones. Presumimos que es una mujer que escucha, lo cual es el punto de partida de sus decisiones. Es intuitiva, pero no parece ser una mujer de ocurrencias, trabaja las cosas y con base en ello va decidiendo.
El problema pareciera ser qué tanto su entorno está ofreciéndole diferentes elementos informativos para que pueda decidir. Si esto no sucede quien lo padece en lo inmediato es la propia Presidenta. Si la Presidenta toma eventualmente malas decisiones, se puede deber a que no tiene toda la información. Es un principio básico entender que las malas decisiones, en la mayoría de los casos, se deben a la falta de información.
En los últimos días se han presentado hechos en los que ha quedado expuesta la mandataria. Puede ser un asunto menor que una mujer se siente en la ventana de Palacio Nacional, seguramente atendiendo cuestiones que tienen que ver con su trabajo. Pero el hecho mismo, junto con todas las contradicciones que ha rodeado el caso, lo único que ha hecho es poner en evidencia situaciones que por ningún motivo debieran terminar en la Presidenta.
Negar el asunto o minimizarlo buscando distractores terminó por obligar a la Presidenta a recular, siendo que en su entorno tenía, presumimos, elementos suficientes para saber que no era IA y que la mujer de la ventana estaba en una situación totalmente fuera de lugar. Hubiera sido muy fácil reconocer lo que pasaba, porque el entorno de la Presidenta debe tener elementos para saber que esto era cierto.
De manera paralela está el derrame petrolero. No tiene lógica que a estas alturas no sepamos a ciencia cierta lo que pasó. Se habla de que un barco lo provocó, pero no sabemos ni la nacionalidad ni el nombre del barco, lo que ha provocado vacíos informativos, los cuales se llenan de inmediato.
Una cosa es que la Presidenta y su antecesor sean ejes del mismo proyecto y otra es que sean lo mismo. Algo pasa, pareciera que la Presidenta no tiene toda la película de temas torales.
RESQUICIOS.
Hernán Bermúdez Requena empieza a quedarse cada vez más solo. No vaya a resultar que terminó por ser el único integrante y operador exclusivo de La Barredora.