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La trampa de Ormuz: el zugzwang de Trump

Antonio Michel Guardiola. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón
Antonio Michel Guardiola. *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: larazondemexico

En el ajedrez existe una situación conocida como zugzwang: ocurre cuando cualquier movimiento que un jugador realice sólo servirá para empeorar su posición. Es la parálisis por obligación. Todo indica que éste es el escenario en el que se ha encerrado Donald Trump ante la partida que él mismo inició contra Irán; un rival que ha convertido el control del estrecho de Ormuz en el eje determinante de la geopolítica global.

Por esa angosta vía transita la quinta parte del petróleo y el gas natural del mundo. La trampa para Washington es perfecta en su simplicidad: si Trump se retira, pierde credibilidad ante su base; si ataca, enfrenta una asfixia económica sistémica que sepultaría su narrativa de prosperidad. En la geopolítica, como en el tablero, las piezas tocadas son piezas jugadas. ¿Hacia dónde navegar para salir de este “estrecho” político?

Durante décadas, el orden en el Golfo Pérsico descansaba sobre un acuerdo tácito: los productores exportaban, los precios los fijaba el mercado y la Marina de EU vigilaba la ruta. Ese sistema se ha derrumbado. Es un error pensar que el cierre de Ormuz debe ser físico; en 2026, el bloqueo es financiero. Las aseguradoras y navieras, ante la mera incertidumbre de un ataque, han disparado sus costos. El flujo no se detiene por un muro de acero, sino por un muro de precios prohibitivos. Esta crisis no se resolverá “obligando” a Irán por la fuerza; el mercado ya ha internalizado el riesgo.

Los países del Golfo dependen vitalmente de sus exportaciones. El impacto financiero es innegable, al grado de que muchos gobiernos regionales se verán forzados a conciliar con Teherán para devolver estabilidad a sus ingresos. Las consecuencias son más agudas en Asia: China, Corea del Sur, India y Japón dependen estructuralmente de estos recursos. No pueden reconfigurar su logística de la noche a la mañana; sus refinerías y sistemas de almacenamiento están diseñados técnica y logísticamente para el crudo que sale del estrecho.

El incremento de costos ya mantiene el barril sobre los 115 USD. Con la inflación al alza y las monedas debilitándose, la diplomacia global tendrá que acomodar a un Irán que ha demostrado que su resiliencia es mayor a la presión externa. Mientras tanto, Rusia se beneficia de la inestabilidad y China se posiciona como mediador necesario. La convergencia de incentivos es peligrosa: Irán y Rusia controlan, en conjunto, cerca del 31 por ciento de los hidrocarburos del planeta. Un bloque capaz de desestabilizar a Occidente con un solo movimiento de llave.

El zugzwang de Trump se resume en tragar orgullo y negociar una salida elegante para salvar la economía, o embarcarse en una batalla militar de largo aliento que sólo propiciará la radicalización del régimen y cierres intermitentes. Su rival carece del poderío bélico estadounidense, pero apuesta por la asfixia energética. Trump ya no puede deshacer su jugada. Su contraparte sabe que el tablero no está tan disparejo y que, en esta partida, el rey no se defiende con misiles, sino con la llave de paso de la energía mundial. La pregunta para Washington ya no es cómo ganar, sino cuánto está dispuesto a perder para poder salir del tablero.

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