¡JUEGUE!

Lo que un día fue y lo que es

Javier Solórzano Zinser │ *Esta columna expresa el punto de vista de su autor, no necesariamente de La Razón Foto: La Razón de México

En la expansión del futbol se hizo inevitablemente muy caro y en muchos casos prohibitivo. De aquellos años del apostolado futbolero o algo parecido en que los propietarios invertían hasta el último centavo, hemos entrado a las ganancias de las federaciones y de algunos equipos.

Doña tele es uno de los elementos del gran cambio. La televisión hace la diferencia en la economía de un equipo. Los derechos de transmisión es la palanca para que los equipos tengan su mínimo equilibrio.

Todo es negocio. No es que nos quedemos atrapados en la nostalgia, pero lo que durante muchos años fue la definición y quizá la esencia del juego como el amor a la camiseta, la tradición y respetar el pasado que le dieron al futbol sentido e identidad con la tribuna y el aficionado, se han diluido, se han venido reinventando.

No apelamos, insistimos, a la nostalgia. Lo que pasa es que el giro que ha dado el futbol ha sido dramático y es difícil encontrar una tradición genuina en los equipos, doña tele es la que se encarga de reventar la tradición o de buscar redefinirla. Los aficionados, por lo general, traen su propia dinámica.

Se apela al pasado más como una cuestión comercial que como una definición de una historia futbolera.

Los jugadores cambian de club con una facilidad pasmosa. El nombre del juego es el dinero y la mercadotecnia. A veces les da por el pudor evitando que equipos con fuerte rivalidad no puedan intercambiar jugadores. En el pasado hacerlo era una afrenta, hoy dejan las huellas al hacerlo.

Cuando Luis Figo pasó del Barcelona al Madrid fue un escándalo. Cuando el portugués jugó por primera vez en Camp Nou, el estadio se le fue encima de manera grosera y agresiva.

Sin embargo, pasó el tiempo y las cosas se fueron olvidando, pero está en la memoria futbolera lo que pasó como un ejemplo de lo que sucede cuando equipos con fuerte rivalidad, intercambian jugadores.

La reacción de los catalanes tenía que ver con la traición y con el dinero y, sobre todo, con la falta de respeto a las rivalidades y a los aficionados, era una traición.

Las cosas han cambiado y no es para hacer un drama. El futbol ha tenido una muy importante evolución, pero también se ha metido en terrenos salvajes, en donde lo que cuenta es el dinero y el negocio.

El juego se ha consolidado como el deporte del mundo. EU ha tenido que entrar en esta dinámica, porque a pesar del peso del basquetbol, hockey o beisbol, el llamado “soccer” por fin ha logrado entrar en el radar estadounidense.

Sigue peleando su espacio, pero ya con dos mundiales y con jugadores realmente destacados. Las nuevas generaciones están volteando a ver y a imitar a los futbolistas. El futbol va teniendo que ver con las familias y esto es lo que hace que logre permear en la sociedad.

Quien más ha tenido que pagar la evolución del futbol es el aficionado. El próximo Mundial es muestra de ello. Los boletos son inalcanzables, las posibilidades de asistir al estadio son mínimas para la mayoría, todo empieza y termina en doña tele. Estamos cerca de que sea realmente difícil que el aficionado pueda quedarse a ver los partidos más importantes en la televisión abierta.

En la evolución de la televisión todo cuesta y el futbol en su conjunto para allá va. Le insistimos, no es la nostalgia, lo que sucede es que la gran paradoja es que el deporte más popular del mundo, más seguido, el que más pasiones desborda puede estar en camino de ser aún más prohibitivo.

El Mundial, como fuere, es el remanso de cada 4 años, es la esperanza para 48 países en medio del negociazo de la FIFA. Es el momento en donde todos tenemos derecho a creer en nuestras selecciones y hacer a un lado nuestras cotidianas preocupaciones, a sabiendas de que la esperanza tiende a durar poco, pero mientras esté entre nosotros el futbol, nos hace creer, olvidar, soñar y abrazarlo.

Vivimos atrapados con el futbol en lo que un día fue y lo que es.

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