La guerra en Gaza sigue y hasta este mes de abril del presente año se llevan contabilizados alrededor de 75,000 palestinos, en su mayoría civiles, y más de 170mil heridos y miles de desaparecidos bajo los escombros, desde el 2023.
La violencia continúa, y pareciera que los bombardeos no tienen fin. El odio como arma mortal y las imágenes interminables.
Somos testigos de muertes terribles, de niños pequeños que perdieron la vida, de hombres y mujeres que gritan su dolor, padres y madres que teniendo a sus hijos en brazos cubiertos de una sábana blanca se aferran a ellos, mientras les cuentan el tiempo porque aún viene más gente detrás de ellos para despedir a los suyos.
Un genocidio que continúa y va en aumento. Fotografías que han sido premiadas en los concursos de fotoperiodismo más importantes, logrando causar un mayor impacto en el mundo.
¿Pero de qué ha servido?
Las fuerzas israelíes no han dejado de atacar y en los bancos de información internacionales continúan las imágenes de más muertos y más dolor.
Esta semana buscando imágenes para compartirles en este espacio, encontré esta imagen tomada por Dawoud Abu Kalas para Reuters y me impactó, como tantas otras.
Un padre toma la mano de su pequeño de tres años, T R E S, que perdió la vida en un bombardeo por parte de Israel.
Al leer la clasificación de la imagen con un cintillo de “Contenido SENSIBLE” me llevó a la reflexión si es que nos hemos hecho insensibles a la muerte, a las matanzas por la guerra, quizá porque no nos identificamos con ellos, porque están lejos, porque es un conflicto que nada tiene que ver con nuestra vida occidental o porque ya son muchas las imágenes, como esta, que no distinguimos cuál es cuál.
El fotoperiodista hizo bien en cuidar los detalles con el rostro del pequeño, pero dejando el valor más emocional que es la mano del padre tomando la de su pequeño. Los colores de su piel, la suciedad en las de él e imaginar por lo que pasaron esas manos para traer a su hijo hasta ese lugar.
El tenis blanco en su otra mano. Carajo.
Un pequeño de tres años, un hijo y su padre, sin saber quién fue, qué hombre lanzó el bombardeo, y por qué a él.
Pareciera que la muerte se normaliza, que la guerra en Medio Oriente no nos afecta del todo, que solo admiramos si las fotografías ganan premios y nos lamentamos al ver el dolor ajeno, pero parpadeamos y cambiamos de imagen y conversación.
Qué difícil.
El fotoperiodismo de guerra o de situaciones en conflicto tienen un valor único porque son fotoperiodistas que se juegan la vida, con el principal objetivo de darnos a conocer, a quienes estamos lejos, el sufrimiento y el peligro que se vive allí.
No dejemos de reconocer su valentía, su trabajo, su arrojo, pero sobre todo el dolor y sufrimiento humano.