APUNTES DE LA ALDEA GLOBAL

León XIV frente a Donald Trump

Desde la elección de Francisco, en 2013, hasta el naciente pontificado de León XIV, la visión del mundo de la Iglesia se coloca en las antípodas del proyecto de Trump. Las tensiones comenzaron con Francisco desde 2016, apenas llegó Trump por primera vez a la Casa Blanca

EL PAPA León XIV en Camerún, ayer, en el quinto día de su visita pastoral a África
EL PAPA León XIV en Camerún, ayer, en el quinto día de su visita pastoral a África Foto: AP

Los dos últimos papas han sido líderes religiosos necesariamente enfrentados a un político como Donald Trump. Francisco fue un jesuita argentino, que llegó al arzobispado de Buenos Aires en los años de la transición democrática, después de la última dictadura militar, y fuertemente identificado con la lucha contra la pobreza. El estadounidense Robert F. Prevost, León XIV, es un pontífice que se formó como misionero agustino en diversas ciudades y pueblos de Perú, entre fines del siglo XX y principios del siglo XXI.

Como hemos señalado aquí, los dos últimos jerarcas de la Iglesia católica pueden ser considerados papas latinoamericanos. Un político como Trump, que combina un agresivo enfoque gerencial con una diplomacia punitiva y belicista, lo mismo en el Medio Oriente que en América Latina y el Caribe, tenía que chocar con los dos papas. Desde la elección de Francisco, en 2013, hasta el naciente pontificado de León XIV, la visión del mundo de la Iglesia se coloca en las antípodas del proyecto de Trump.

Las tensiones comenzaron con Francisco desde 2016, apenas llegó Trump por primera vez a la Casa Blanca. El Papa, que había sostenido una excelente relación con Barack Obama, por una afinidad en el enfoque sobre Cuba, y que luego sería muy cercano a Joe Biden, entre otras cosas, por el catolicismo del presidente, reaccionó contra la xenofobia y las políticas antimigrantes de Trump. Según Francisco, la separación de familias al otro lado de la frontera con México y la cacería de migrantes en Estados Unidos, “no eran verdaderamente cristianas”.

Cuando Trump prometió la destrucción de la civilización persa, por medio de una fulminante intervención militar en Irán, León XIV respondió que la amenaza era “inaceptable” y que la tarea de un mandatario como el presidente de Estados Unidos era procurar la paz mundial. Dijo el Papa que, bajo Trump, la política estadounidense se estaba conduciendo con una “ilusión de omnipotencia”, sumamente peligrosa, en medio del caos global del siglo XXI.

Trump respondió a León XIV con una larga andanada de improperios en su red Truth Social. Dijo que el Papa era “débil con el crimen y terrible en política exterior”, que lo “inaceptable” era que Irán posea bombas nucleares —que no posee. Aunque el Papa no se refirió directamente a la situación en Venezuela, Trump defendió su política hacia el país suramericano y el Gran Caribe, y sugirió que el pontífice se estaba poniendo del lado de las tiranías del planeta.

La réplica de Trump se dirigía frontalmente a uno de los cuestionamientos de León XIV, no referido en esencia a la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán. A lo que respondía Trump era a la observación precisa del Papa de que algunas democracias occidentales, como la estadounidense, estaban incubando “tiranías de mayorías”. El vicepresidente, J. D. Vance, católico converso, se sumó a la querella señalando que “los discípulos de Cristo nunca deberían ponerse de lado de quienes empuñan la espada y lanzan bombas”, en alusión, no a Israel, Estados Unidos o Rusia, por supuesto, sino exclusivamente a Irán.

En su crispación, Trump llegó a cometer uno de los mayores errores frente a un Papa de la Iglesia católica, que es retar la religión apostólica con una religión secular. El presidente promovió imágenes de sí mismo ungido por Cristo, lo cual debe haber molestado más a la Santa Sede. De todas las reacciones de Trump, la más extrema, sin embargo, la que más hiere al Vaticano, es la que sugiere que el Papa fue electo para satisfacer a Trump, por ser estadounidense.

Una vez más, el efecto de esta rabieta es contraproducente para el liderazgo del propio Donald Trump. Aliados suyos en Europa, como la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, le dan la espalda, y el clero latinoamericano, que podría ver con simpatías su política hacia Venezuela, Nicaragua o Cuba, prefiere permanecer del lado de su líder religioso.

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