Esta semana fue noticia el acercamiento diplomático entre México y España derivado de la visita de la Presidenta, Claudia Sheinbaum, a aquel país. Las tensiones se recrudecieron durante el sexenio anterior ante la petición del presidente mexicano de que España pidiera disculpas por los abusos cometidos durante la Conquista.
En recientes fechas, las declaraciones del rey Felipe VI se acercaron a reconocer que no todas las acciones cometidas durante aquellos tiempos fueron idóneas, aunque hubiera una “buena intención” de fondo, contextualizada con las creencias y circunstancias de su tiempo. Sin embargo, la visita de la presidenta mexicana enmarca una importancia mayor cuando se observa la alianza que se busca con el gobierno español más que con el oropel de la Corona.
La razón de la visita de la mandataria fue asistir al foro “Movilización progresista global”, en el que mandatarios y altos representantes de gobiernos y partidos progresistas de diversos países se reunieron para proponer ideas y coaliciones para “defender la democracia” ante los gobiernos de ultraderecha apoyados por la llamada oligarquía tecnológica.
El argumento central en las diversas intervenciones giró en torno a la necesidad de crear un frente común internacional que funja como un contrapeso ante el auge y la coordinación que hay en los movimientos extremos de la derecha. Este frente apostaría por un multilateralismo y una reformulación de organizaciones internaciones que permitan revitalizar el derecho internacional y la imposición de límites a los gobiernos poderosos y los gigantes tecnológicos.
Así, el llamado a “democratizar” la ONU, por ejemplo, busca que la institución se libere de los candados que la han llevado a la obsolescencia. En este escenario, Latinoamérica enfrenta un reto y una oportunidad inéditas. El reto consiste en que en la región el desgaste de la derecha extrema no se ha verificado como en Europa o en el mismo EU, sino que viene en crecimiento. La oportunidad radica en el protagonismo y liderazgo que podría alcanzar si encuentra la forma de unirse, al menos comercialmente, y desarrollar las alianzas que se están ofreciendo en diversos frentes.
Europa y Asia buscan actualmente socios que les permitan liberarse del yugo de la dependencia a una sola potencia que presente inestabilidad en sus decisiones políticas y ansias de control por medio de la guerra o el chantaje económico. Latinoamérica necesita ampliar sus horizontes económicos y políticos, pero ha de hacerlo con suma elegancia y diplomacia puesto que su posición, si bien no es central en el tablero de tensiones geopolíticas actuales, no es sólida. Más allá de la izquierda o la derecha, hay que ver las crisis como tiempo de oportunidades.